lunes, 5 de enero de 2009

El Canon y la presunción de inocencia


5 de enero. Como todos los años por estas fechas, la gente saldrá esta tarde en masa a aprovechar las últimas horas antes del día de reyes y poder hacer así las últimas compras de navidad. Los más rezagados aprovecharán para comprar regalos a la familia. Otros muchos simplemente saldrán a cotillear y darse unas vueltas por los grandes almacenes y otros rincones de nuestros pueblos y ciudades aprovechando la muchedumbre. Estemos en crisis o no, serán millones de euros lo que volverán a gastar los ciudadanos por estas fechas, en una tradición que cada año que pasa tiene más de usura mercantil que de costumbre popular.

En algunas comunidades autónomas incluso han adelantado las rebajas para poder atraer así al mayor número de consumidores posibles, habida cuenta del drástico recorte en el presupuesto para gastos navideños de todo tipo, y especialmente para gastos en regalos de reyes, que han llevado a cabo la gran mayoría de familias este año (se estima que alrededor de un 20% respecto del año anterior). Son muchos los pequeños y medianos comerciantes que esperan como “agua de mayo” estas fechas para salvar una temporada que está siendo bastante mala para ellos, y poder así cuadrar sus cuentas. Las grandes superficies, las multinacionales de la moda, los juguetes y otros menesteres, por supuesto que no tendrán estos problemas, por mucho que su volumen de negocio se pueda ver reducido algo en relación a lo ganado en años precedentes. Estos siempre ganaran lo suficiente como para sentirse satisfechos y contentos con sus inversiones, máxime sabiendo como se sabe que todo aquello que dejen de ingresar por ventas, ya se lo harán pagar a sus trabajadores en todo el mundo a base de EREs, despidos, deslocalizaciones de plantas y otros asuntos por el estilo.

Pero los accionistas y propietarios de estos grandes negocios no son los únicos que, sin hacer nada, se van a llenar los bolsillos esta noche. Los amigos de la SGAE tendrán también preparada la caja fuerte para ingresar lo antes posible todo aquello que a lo largo del día, como en el resto del año, expoliarán a las masas. Pueden estar seguros de ello.

Sí, les estoy hablando del famoso Canon, que todo el año es un atraco al bolsillo del consumidor, pero que en días como hoy toma tintes de un expolio de envergadura, algo así como el timo de Madoff pero a lo casero. Grabadoras, Discos duros portables, Mp3, Mp4, teléfonos móviles con reproductores de Mp3, escáneres, discos vírgenes, memorias USB, etc., etc., dejarán hoy un buen pellizco en las cuentas de la SGAE. Un buen pellizco que será pagado por cada consumidor de alguno de estos productos, por supuesto. La razón oficial que se esgrime para tal expolio no es otra que el supuesto uso fraudulento que los propietarios de estos bienes puedan hacer de ellos, en tanto y cuanto los utilicen para hacer copias o reproducciones ilegales de productos que tienen reservados los derechos de autor. Como estos aparatos tienen capacidad para poder llevar a cabo este tipo de actividades ilícitas, el comprador deberá pagar una compensación por ello, por si acaso finalmente le diera por realizar alguna de estas prácticas sin consentimiento del propietario de los derechos de autor.

Es decir, hablando en plata, a cada consumidor de uno de estos productos las autoridades del estado le obligarán a pagar por algo que nadie puede saber con seguridad si va a llevar a cabo o no, pero que es posible que haga, tratándolo por tanto como a un delincuente mucho antes de que haya podido cometer el delito. Algo así como si a un comprador de un arma en el mercado legal le condenasen ya de entrada a varios meses de cárcel sólo porque lo que está comprando tiene capacidad potencial para matar o para ser usado en robos con violencia u otros delitos por el estilo. No hay lugar en este razonamiento para la presunción de inocencia: usted es culpable ya de entrada, haga o no haga delito alguno. Por eso paga.

Todo esto ocurre además a pesar de que la presunción de inocencia es un derecho constitucional. El artículo 24.2 de la Constitución Española de 1978 dice así: “todos tienen derecho al Juez ordinario predeterminado por la Ley, a la defensa y a la asistencia de letrado, a ser informados de la acusación formulada contra ellos, a un proceso público sin dilaciones indebidas y con todas las garantías, a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, a no declarar contra sí mismos, a no confesarse culpables y a la presunción de inocencia.”. A lo que se ve, todos tenemos este derecho, salvo que ande por medio la SGAE.

Miren, no soy comprador habitual de casi ninguno de estos productos, esta noche no saldré a comprar ninguno de ellos para regalárselos a nadie, es más, si de mí dependiera la mayoría de esos aparatitos, que encierran tras de sí una mentalidad decadente de consumismo perturbado, ni si quiera estarían en los mercados, pues el dinero y el trabajo que se invierte en producir tales bienes lo aprovecharía para combatir cualquiera de los graves problemas que acucian a tantos ciudadanos en el mundo respecto de la alimentación, la salud, la educación o el desempleo, pero eso no es óbice para que me indigne que haya leyes en este estado que me traten como a un delincuente cuando aún no he sido juzgado ni condenado convenientemente por ello. Esto sencillamente me parece intolerable.

Yo sé que el apoyo de tantos artistas (y nunca mejor dicho) al PSOE y sus políticas debe tener un precio y ser pagado en algún momento. Pero, por favor, que se lo page Zapatero, José Blanco, Felipe González o quien buenamente pueda de entre los políticos del PSOE de su bolsillo, pero que no nos lo hagan pagar a todos los ciudadanos que, por unos u otros motivos, nos vemos en la coyuntura de tener que comprar algunos de estos productos. Principalmente porque yo no soy ningún delincuente hasta que se demuestre lo contrario, pero, además, porque tanto la inmensa mayoría del gobierno de ZP como muchos de estos artistas me dan nauseas y ganas de vomitar por su modo de actuar, tanto en política como “creando” o en los alto de los escenarios. Y si tengo que financiar de mi bolsillo a políticos y artistas, al menos que me dejen elegir a mí a quien hacerlo, según mis propios gustos y convicciones, caso de que quiera hacerlo con alguno de ellos, claro está.

Porque para tener que pagar a políticos como ZP y su tropa que se callan miserablemente ante el genocidio palestino que estamos viendo estos días en Gaza, o a artistas como Alejandro Sanz, Miguel Bosé, Ramoncín y tantos otros que van por el mundo haciendo de oposición activa a los gobiernos progresistas y revolucionarios de América Latina, antes cojo mi dinero y le pego fuego. Faltaría más.

domingo, 4 de enero de 2009

Gusanos


Ahora que recién se han cumplido 50 años de la revolución cubana, el debate sobre Cuba parece volver a resurgir con fuerza entre partidarios y detractores del sistema político y económico establecido en la isla caribeña. Muchos son los intelectuales, periodistas, políticos, etc., de uno y otro bando, que han aprovechado esta simbólica fecha para publicar artículos, lanzar discursos públicos, o lo que sea, atacando o defendiendo la continuidad del gobierno socialista en el país antillano. Lógico si se tiene en cuenta las apasionadas discusiones que el tema suele levantar en cualquier parte del mundo, especialmente en los países occidentales y la América Latina.

Como no podía se de otra manera, habida cuenta de los tiempos que corren, es en internet donde a día de hoy estos debates y discusiones tienen un mayor alcance (alcance no de tipo práctico-político, sino por el número de personas que implican). Son miles las páginas de todo tipo donde estos enfrentamientos dialécticos se están llevando a cabo con gran virulencia. En unas, todo hay que decirlo, con más educación que en otras. No entraré aquí a valorar los razonamientos políticos emitidos por cada uno de los bandos, que prácticamente son idénticos en cada una de las diferentes páginas. Tampoco haré una defensa de los logros que, a mi juicio, ha proporcionado la revolución cubana tanto para la realidad de la isla como para el mundo y su progreso real (por si alguien dudaba de cual es mi posición al respecto).

Lo que sí me ha llamado la atención, y mucho, es la escasez de argumentos que tienen los disidentes cubanos anti-castristas cada vez que un lúcido interlocutor pro-revolucionario desmonta sus falacias con datos y argumentos de todo tipo, en mensajes bien elaborados y perfectamente justificados. No digo que entre los anti-castristas no haya personas con capacidad para exponer sus ideas de manera razonada y educada, pero son, sin duda alguna, una inmensa minoría dentro de tal colectivo. A los argumentos de los revolucionarios suelen, por normal general, responder los anticastristas con descalificaciones personales e insultos, en lugar de con planteamientos serenos que ayuden a demostrar la veracidad de sus argumentos y la falsedad de los del contrario.

Por ejemplo, situaciones tan surrealistas como negar la eficiencia del sistema de salud pública cubano o la calidad de su enseñanza (hechos demostrados sobradamente por estadísticas de toda índole aportadas por la ONU y sus diferentes instituciones encargadas de la evaluación y seguimiento de estos asuntos), son norma entre los disidentes. Cuando desde el otro lado se les aportan los datos que confirman el buen estado de estos campos dentro de la revolución, la respuesta es siempre la misma: matar al mensajero. Además sin piedad ninguna y cayendo constantemente en una flagrante contradicción, una de esas contradicciones que demuestran a las claras que lo que interesa al disidente no es desmontar la falsedad de los argumentos dados por los pro-revolucionarios, sino directamente invalidar al interlocutor para el debate. Muerto el perro, se acabó la rabia.

Así, toda la argumentación de estos señores ante las brillantes intervenciones de lúcidos defensores de la revolución se reducen a lo siguiente:

Si el autor vive fuera de Cuba:”Si tanto le gusta la revolución, váyase a vivir a Cuba, que es muy fácil hablar desde su cómodo sillón mientras los cubanos pasan hambre y bla,bla,bla…”

Si el autor vive en Cuba:”Usted está a sueldo de los Castro, usted es un vendido a la dictadura, usted vive mejor que el resto de los cubanos y bla,bla,bla…”

Es decir, si usted es partidario de la revolución cubana pero no vive en la Isla, no tendrá derecho a opinar sobre Cuba hasta que se haya ido a vivir a la propia Cuba (no importa si es usted un experto conocedor de la isla o si es simplemente un ciudadano más que conoce Cuba a través de las informaciones que ha podido recibir de ella por los diferentes medios a su alcance, la respuesta será la misma). Ahora bien, si usted se va a Cuba, a petición de estos señores, y se instala definitivamente en la isla, pero aún así usted sigue pensando de manera positiva acerca de la revolución (como lo hacen tantos cubanos y tantos trabajadores extranjeros asentados en la isla), entonces usted tampoco tendrá derecho a opinar sobre el tema porque es seguro que usted está a sueldo del gobierno, se habrá vendido a Castro y todas esas cosas. Vamos, que, dicho en pocas palabras, para un anti-castrista no es posible que alguien con un pensamiento independiente o sin intereses personales avariciosos de algún tipo en la revolución, pueda hablar bien de Cuba y de su gobierno. Eso es lo que esta gente llama “democracia”: O piensas como yo te mando, o tus argumentos no serán válidos en un debate abierto y razonado, simplemente porque tú no serás un interlocutor válido.

Leyendo en los debates a estos gusanos uno se da cuenta de que pueden llegar a ser tan cansinos, aburridos y repetitivos, de que andan tan faltos de argumentos, que dan hasta lástima. Lástima, sobre todo, porque es muy triste eso de tener delante de sus propias narices uno de los gobiernos más decentes y honrados, más volcados y comprometidos con el bienestar de su pueblo, que hay en todo el mundo contemporáneo, y no ser capaces de verlo. Por lo que parece, la avaricia y el odio les ha cegado tanto que ya hasta incluso son capaces de creer ver en gente como Posadas Carriles y Orlando Bosch a sus héroes nacionales, cuando en realidad están mirando a sangrientos terroristas. La luz cegadora del capitalismo deslumbró sus ojos y desde entonces ya no saben a qué atenerse para ir por el mundo caminando sin chocarse continuamente con el muro paralizante que emerge de sus propias miserias morales e intelectuales.

Y no estoy diciendo que estos sujetos tengan que cambiar sus ideales, Dios me libre, digo simplemente qué dejen hablar a quienes están en el lado contrario, sin saltar a la primera de cambio a lanzar mierda encima de la persona que escribe desde el otro frente sólo porque no opine como ellos. Si de verdad son tan partidarios de que en Cuba puedan jugar todos, ¿por qué su mayor empeño es siempre el de romper la baraja cuando saben que el oponente lleva buenas cartas?

Democracia a lo usamericano, lo llaman. Lógico y normal que, siendo así, la inmensa mayoría de los cubanos no quieran oír hablar ni una sola palabra sobre ella. A otro perro con ese hueso.

sábado, 3 de enero de 2009

La lógica siniestra del capital


A estas alturas de la película dudo mucho que pueda haber una sola persona en España que ignore la situación de grave crisis económica en la que se encuentra el estado. Tenemos la crisis hasta en la sopa. Las diferentes cadenas de televisión ya han sabido incorporar convenientemente el discurso de la crisis a sus respectivas series y programas diarios como forma de ganar audiencia. Incluso no son pocas las empresas que están volcando sus diferentes campañas publicitarias al asunto en cuestión. Supermercados que se anuncian como colchones para la crisis. Coches que se promocionan como solución de emergencia en estos momentos duros. Compresas y otros bienes de uso que se venden como la mejor solución para nuestros maltrechos bolsillos. De todo un poco.

Además, con cada nuevo dato económico que se va conociendo, la sensación de cataclismo inminente va en aumento. Y no sin razón. El mercado inmobiliario que se desploma sin remedio y con él todo el negocio que se tenían montado unos cuantos y los supuestos beneficios que esto generaba en los demás a base de crear empleo y aumentar la riqueza. El PIB que entra en recesión. El superávit del estado que se consume a pasos agigantados. Las cifras de negocios de las industrias que se desploman. Las bajas de autónomos en la seguridad social que aumentan cual pelota hinchable. Cae la inversión privada y aumenta el déficit público. Se pierde la confianza de los consumidores y ya ni las rebajas surtirán efecto alguno para repuntar el consumo, según los datos que manejan los propios comerciantes interesados. Pero lo peor está aún por llegar, nos avisan.

Y lo peor, como podrán suponer ya, no es otra cosa que el desempleo que se nos viene encima, que apunta a cifras de record en los próximos meses. En apenas un año, se ha pasado de una tasa de paro del 8% a otra próxima al 12,8%, y subiendo. El alto nivel de temporalidad y un modelo productivo precario y con escaso sector industrial serían los responsables de este aumento, dicen los que saben de esto (y que hace tan sólo año y medio parecían no saber tanto, o al menos eso de la precariedad laboral parecía no importarles demasiado). El caso es que ya vamos por los tres millones de desempleados (se confirmarán cuando aparezcan los datos de Diciembre) y casi todas las previsiones empiezan a dar por seguro que se alcanzarán los cuatro millones a lo largo de 2009. En el último año ha habido ya, según datos del INEM, 894.796 nuevos parados, lo que supone un aumento del 42,72% en el número de desempleados respecto del año anterior (de noviembre de 2007 a Noviembre de 2.008). Así están las cosas.

Y, a la vista de este panorama, yo me pregunto ahora: ¿se podría sacar algún dato positivo para los trabajadores de este aumento descabellado del paro? Parece difícil. Aunque, si hiciéramos caso de la lógica convencional, tal vez sí pudiéramos encontrar uno: un descenso en el número de siniestros laborales y, por ende, un descenso en el número de muertos acaecidos a consecuencia de ello. Esto es, según un razonamiento lógico-convencional de primer orden, si los accidentes laborales (y sus muertos en consecuencia) se producen cuando las personas están trabajando, y hay ahora menos personas trabajando, debería haber entonces también menos accidentes laborales (y menos muertos a consecuencia). Y si, además, tenemos en cuenta que el descenso en el número de personas trabajando ha sido realmente considerable, el descenso en el número de accidentes laborales (y sus muertos consecuentes) debería ser igualmente considerable. ¿Sería lo normal, no?

Pues bien, si hacemos caso de los datos publicados por el Ministerio de Trabajo, de Octubre de 2007 a Octubre de 2008, el descenso en el número de accidentes laborales, que es cierto que se ha producido, sería solamente de un 3,1% (frente al más del 40% de aumento del paro que se dio en estas mismas fechas). De los 1.503.122 accidentes acumulados de enero a octubre de 2007, hemos pasado a los 1.456.043 accidentes acumulados de enero a octubre de 2008. 47.079 accidentes menos (frente a los más de 800.000 desempleados nuevos acecidos entres esas mismas fechas). Significativos datos ¿no?

Pero lo “mejor” viene ahora. Ese 3,1% de descenso en la tasa de siniestralidad laboral, que aunque sea poco es un descenso al final y al cabo, se traduce, a la hora de hablar de número de muertos ocurridos en estos accidentes, en el escalofriante dato de un descenso del ¡0%! Es decir, de enero a octubre de 2007 hubo exactamente el mismo número de muertos que los que ha habido de enero a octubre de 2008, 716 muertos en ambos casos (esos que se sepan de manera oficial, claro está). Con lo cual, volviendo con nuestro razonamiento anterior, esto quiere decir que ese 42% mencionado en que ha aumentado el número de personas sin trabajo en el estado español, a la hora de la verdad no se ha reflejado en el descenso ni de una sola persona menos muerta por accidente laboral de un año a otro. ¿Fuerte, no?

Es algo así como si de una año para otro hubiera un descenso del 20% de vehículos que circulan por las carreteras españolas, y aún así el número de accidentes de tráfico apenas si se hubiese reducido en un 1% respecto del año anterior, y el número de muertos en tales de accidentes ni si quiera eso, pues seguiría siendo exactamente el mismo de un año al otro. De darse algo así, la única explicación posible para justificar tales datos sería que, a pesar de que el número de vehículos que circulan es menor, las causas de todo tipo que generan los accidentes se habrían radicalizado. Si la causas de los accidentes de tráficos son por norma general las imprudencias de los conductores, los “puntos negros” en las carreteras y los problemas ocasionados por los fenómenos meteorológicos, esto querría decir que o bien se habrían cometido más imprudencias, o bien los puntos negros estarían aún peor o bien que habría habido más fenómenos meteorológicos peligrosos que afectasen la normalidad en la circulación. De lo contrario no podrían explicarse tan sorprendentes datos. ¿Estaremos de acuerdo, no?

Pues con los accidentes laborales (y sus muertos en consecuencia) pasa exactamente lo mismo: si hay casi el mismo número de accidentes y el mismo número de muertos a pesar de que ha habido un descenso considerable en el número de personas trabajando, es, simple y llanamente, porque las causas que generan estos accidentes se han tenido que radicalizar. Y todos sabemos además cuales son de manera principal esas causas: la avaricia de los empresarios y su afán por ganar el máximo de dinero posible.

Con la excusa de la crisis, y el miedo consecuente del empresario por ganar menos dinero del que venía ganando habitualmente en los últimos años, se reducen gastos en materia de seguridad laboral, se obliga a trabajar a los empleados por más tiempo del recomendable (para evitar tener que contratar más personas) y se presiona para que los trabajadores arriesguen al máximo en sus ocupaciones con la sombra del despido al que sea menos rentable para la empresa como arma. Factores estos que son fundamentales en el surgimiento siniestralidad laboral (si se tienen menos medidas de seguridad, se trabaja más de lo necesario cansando cuerpo y mente, agotando la capacidad de reacción y fomentando la aparición de descuidos, y además se fuerza al máximo en el trabajo por miedo a ser despedido, lo normal es que se acaben produciendo accidentes antes o después).

Es por ello que la lógica convencional que antes mencionaba no tiene, ni podrá tener nunca, su reflejo en las estadísticas de accidentes y muertos por causas laborales. La única lógica que impera aquí es la lógica del capital, la siniestra lógica del capital: reducir costes para aumentar beneficios. Y si esa reducción de costes pasa por poner en mayor peligro aún la vida del trabajador (evitando gastar en medidas de seguridad laboral, obligando a trabajar más horas y despidiendo a aquellos trabajadores que rindan menos), pues así se hará, de eso que no quepa la menor duda. Apuesten lo que quieran a que el 2009 no solo será un trágico año para los trabajadores por el aumento del desempleo, sino también por el aumento del terrorismo laboral y sus muertos consecuentes. Apuesten lo que quieran a que a medida que la crisis se profundice los datos de siniestralidad laboral irán en aumento. Apuesten que no perderán.

Y no perderán porque cada uno de esos muertos, como de costumbre, podrá haber aportado previamente un buen dinero para las arcas de la empresa, un dinero que es ahora tan necesario para colmar la sed de ganancias de los empresarios avariciosos en estos tiempos de crisis. Ya se sabe aquello de que en tiempos de hambre se agudiza el ingenio, y mucho más si es el ingenio de ladrones, explotadores y otros aprovechados sin moral de ningún tipo. No digo más.

www.pedrohonrubia.com

viernes, 2 de enero de 2009

Asesinatos selectivos y memoria histórica


Las noticias del genocidio palestino siguen llegando desde Gaza. Cada días más horripilantes, si es que acaso eso fuese posible dada la gravedad de los hechos. Lo que aumenta, en realidad, no es la crueldad de las noticias, sino el grado de indignación de quienes las recibimos, hastiados ya de tanto crimen impune en medio del silencio generalizado de los principales líderes políticos occidentales. Ayer conocíamos que Israel acababa de asesinar a Nizar Rayan, destacado líder de Hamas, cuya casa había sido bombardeada por los aviones sionistas. Junto a él habrían fallecido su mujer y sus ocho hijos. Asesinato selectivo, lo llaman. Exactamente igual que hacían los nazis: seleccionaban a un judío X y lo mataban a él y toda su familia, por si acaso tan impura casta tenía expectativas de reproducirse. Eugenesia en su máxima expresión.

Pero no es sobre el genocidio palestino que quiero escribir hoy, sino en relación a otro genocidio bastante más lejano en el tiempo, pero que comparte con el sufrimiento actual del pueblo palestino el ser un genocidio negado, ocultado, silenciado, e incluso celebrado cada año que pasa por masas enfervorecidas de supuestos demócratas. Hablo, claro está, del genocidio llevado a cabo en la península ibérica en contra del pueblo andalusí.

Y ya que hemos hablado de nazis, hagamos ahora un ejercicio mental, dejémonos llevar por una ucronía futurista imaginaria:

Varsovia, 1 de septiembre del año 2300. Miles de ciudadanos se reúnen en la plaza Adolfo Hitler de la ciudad, lugar emblemático donde está situado el edificio que sirve de sede al Ayuntamiento local. El alcalde de la ciudad, en medio de un ambiente festivo y ante los vítores de los espectadores al acto (con la presencia de un buen número de nostálgicos del régimen nazi ataviados con sus camisas pardas y otros símbolos identificativos del ejército alemán de la época), lleva a cabo el tradicional gesto de ondear una bandera con la esvástica tras haber lanzado al viento una serie de proclamas de carácter filo-nazi. Se celebra, ni más ni menos, que la conmemoración de la invasión y conquista de la ciudad a manos del ejército alemán en 1939, día, por tanto, en que la ciudad pasó a integrarse como una más dentro de la nación alemana. Es sabido, que desde el mismo momento de la invasión, y en especial desde la victoria de los nazis en la segunda guerra mundial, los habitantes de Varsovia, al igual que los del resto de Polonia, fueron castigados y perseguidos, obligados a convertirse a las costumbres y la cultura alemana, so pena de ser expulsado del país o, pero aún, exterminados. Primero fueron los judíos quienes sufrieron el acoso nazi, posteriormente el resto de aquellos habitantes que no estaban dispuestos a renunciar a sus tradiciones, usos y costumbres polacas. Murieron por millones, otros fueron deportados u obligados a exiliarse, y los que quedaron fueron obligados a fingir ser alemanes de los pies a la cabeza. Llegaron también millones de colonos alemanes a probar fortuna en la ciudad que a consecuencia del genocidio había quedado bastante despoblada. Los libros de historia, y cualquier otra cosa que pudiese recordar que en aquella ciudad un día vivían libres y en paz ciudadanos polacos, fueron arrasados y destruidos para siempre. Con el tiempo, con el paso de las sucesivas generaciones, los ciudadanos de Varsovia fueron acomodándose a su nueva situación. La manipulación de la historia, las persecuciones policiales y militares, la educación de los niños en los nuevos valores alemanes y el sometimiento de todo intento por sublevarse ante la nueva identidad, harían el resto. Varsovia es ahora una ciudad alemana más, sus ciudadanos se sienten plenamente alemanes y se identifican en su gran mayoría con aquel gran estado alemán que saliese de la segunda guerra mundial y que perdura hasta nuestros días. Cierto es que los tiempos históricos no son los mismos que en los siglos XX o XXI, que con el paso de los años el régimen nazi se fue abriendo a la evolución histórica, cierto es también que muchos de sus órganos represores y sus prácticas genocidas fueron remitiendo o siendo sustituidos por otros más sutiles, que Alemania es ahora una democracia consolidada, pero eso no quita para que los trágicos sucesos del genocidio polaco, que sirvió de base para la conversión del territorio en una parte más de la nación alemana, sigan estando ahí en la historia, con sus millones de muertos, con su persecución cultural, con su violencia intrínseca. Pero a los polacos del año 2300, muy alemanes ellos, no es sólo que parezca no importarles la existencia de tal genocidio, sino que directamente honran a Adolf Hitler y celebran todos aquellos sucesos como si fuesen motivo de orgullo patrio. Con el tiempo, el invasor asesino alemán ha sido convertido por el propio pueblo polaco en el gran héroe de la historia local.

¿Estremecedor relato, no? Pues algo idéntico es lo que va a suceder hoy en la ciudad de Granada. Miles de Granadinos, a los que se han de sumar turistas y varios centenares de nostálgicos fascistas llegados desde todos los rincones de España, saldrán a las calles de la ciudad a conmemorar la toma de la ciudad por parte de los Reyes Católicos y sus ejércitos, olvidando por completo el genocidio que a partir de ahí se llevó a cabo con el pueblo andalusí, un genocidio realizado mediante las prácticas más brutales posibles: la violencia exterminadora y el asesinato selectivo de la memoria histórica de dicho pueblo.

En Andalucía, tras la conquista española, los judíos fueron deportados del territorio, los musulmanes fueron perseguidos y obligados a convertirse al cristianismo, y cuando, en alguna ocasión, intentaron levantarse en defensa de sus derechos históricos y culturales, primero fueron masacrados sin consuelo alguno, y posteriormente, al igual que los judíos antes, expulsados de su propia tierra. Si alguno incumplía lo mandado por los reyes españoles, la inquisición se encargaba de hacérselo pagar con todo tipo de torturas y sufrimientos hasta la muerte. Además, todos aquellos libros y manuscritos escritos en árabe fueron quemados, un patrimonio de incalculable valor histórico. Filosofía, política, historia, cultura, medicina, gastronomía, nada se salvó de la quema. Salvo aquellos libros que pudieron ser rescatados antes de su huida por antiguos habitantes, pocos fueron los textos que lograron sobrevivir a la barbarie española. Ocho siglos de nuestra historia borrados de un plumazo con el más cruel de los métodos: el desprecio. Todo para que nada de lo que en ellos hubiera pudiera comprometer en un futuro la legitimidad de la conquista castellana sobre nuestra nación, ni poner en entre dicho la veracidad de la historia y los mitos escritos por los vencedores. Todo para que nadie pudiera comprender con todo lujo de detalles que lo que allí se había cometido era un genocidio de una magnitud que da espanto sólo de pensarlo. Y ahora los granadinos salen a celebrarlo, empujados desde las instituciones públicas de la ciudad, la autonomía y el estado. La sangre Andalusí, el sufrimiento de un pueblo obligado a renunciar a su propia tierra, las miserias de un pueblo obligado a olvidar su cultura y su lengua, las agonías de un pueblo desposeído de todo cuanto tenía y expulsado al basurero de la historia, es celebrado hoy como si de un gran acontecimiento histórico se tratase, para más inri celebrado por los propios descendientes, directos o indirectos, de esos mismos ciudadanos andalusís que fueron perseguidos y masacrados.

Pero lo que se celebra hoy en Granada es algo más que una aberración para la dignidad y la memoria histórica del pueblo andaluz, es, simplemente, un bochorno para todo hombre y mujer con consciencia humanista que se tercie, y es, a fin de cuentas, la celebración del asesinato selectivo de un pueblo que ha sido desposeído de su memoria y que vuelve a ser asesinado cada dos de enero.

Y digo que es un asesinato selectivo porque nada de esto ocurre por azar, sino que el estado español se ha encargado a lo largo de los siglos de seleccionar cuidadosamente cada una de las acciones políticas, culturales o militares que había de llevar a cabo para que los andaluces, como los alemanes de la Varsovia del año 2300 antes descrita, acabasen celebrando y vitoreando el holocausto andalusí, la invasión de la ciudad y todos los demás acontecimientos sangrientos que se dieron a partir de 1492 en adelante.

No hay más historia que la escrita por los vencedores y no hay más verdad que la que ellos han querido contarnos. La inquisición española nos dejó a los andaluces sin lengua y sin memoria, silenció nuestras almas revolucionarias y acabó con nuestros deseos soberanistas. Pero nada de esto puede ser tan grave como el hecho de habernos convertido además en cómplices satisfechos de todos aquellos sucesos. Hoy, a diferencia del resto de los 364 días del año, me siento orgulloso de cualquier cosa menos de ser andaluz. Para auto-humillaciones históricas, conmigo que no cuenten.

jueves, 1 de enero de 2009

Libertad Digital y su miseria moral


Que Libertad Digital es el mayor órgano propagandístico del fascismo neoconservador en España, lo sabemos. Que su línea editorial apoya completamente el genocidio que Israel viene realizando desde hace cuarenta años en tierras palestinas, estamos al tanto. Que todo lo que huela a musulmán es equiparable para ellos a terrorismo, es evidente. Que les importa un pimiento la sangre que corra a cargo de civiles inocentes en Gaza, salta a la vista. Que detrás de todo esto se esconde la financiación sionista, es claro. Ahora bien, que, aprovechando la ignorancia supina y la memez superlativa de la que hacen gala (a juzgar por sus propios comentarios a las noticias de la web) la inmensa mayoría de sus lectores, pretendan hacernos pasar a todos por tontos, eso ya no hay por donde cogerlo.

Digo todo esto porque ayer, en mi habitual lectura diaria a los medios de comunicación de todo tipo en internet, me encontré en este sitio con una noticia de esas cuyo titular pretende ser ya la única noticia en sí, no siendo el cuerpo de la noticia más que un intento por reafirmar la opinión emitida en el titular, titular que además nada tiene que ver con lo que se desarrolla posteriormente en dicho cuerpo. El titular-noticia decía así: “Nueva matanza en Congo ante el silencio de los que claman contra Israel”. Es decir, aunque en el cuerpo de la noticia se desarrolla una información acerca de unos trágicos sucesos acaecidos en la República Democrática del Congo, la noticia importante a resaltar por el diario de marras no serían en absoluto estos hechos, sino la supuesta indiferencia ante ellos de quienes, por el contrario, sí están saliendo estos días en defensa del pueblo palestino y en protesta contra el genocidio israelí en Gaza: la izquierda anti-sionista. La izquierda sería así una hipócrita que calla por las matanzas en el Congo mientras critica las de Israel.

Ahora bien, no hay que ser demasiado listo para darse cuenta de la falsedad de este argumento. Sólo en la web de información alternativa rebelión.org, en su sección territorial sobre África, se han publicado en estos dos últimos meses más artículos y noticias referidos al conflicto armado que se vive en el Congo (unas cuarenta entradas), que en toda la historia de Libertad Digital (prueben a poner en su buscador las palabras “República Democrática del Congo” y lo comprobarán). A esto debemos sumarles todas las noticias referidas a este conflicto que periódicamente vienen apareciendo en otras webs de izquierdas como kaosenlared.net o insurgente.org. En cambio, si Libertad Digital siente algún tipo de pesadumbre por lo que viene ocurriendo en el Congo en los últimos meses y las abominables matanzas que allí se están sucediendo, lo demuestra bien poco, a juzgar por la escasez de noticias que publica al respecto (tres o cuatro en los últimos dos meses, a pesar de que son decenas de miles los congoleños que han muerto en este periodo desde que se reanudarán las hostilidades bélicas en el país).

Sobre decir, además, que la información que aparece en dicha web neofascista acerca del conflicto congolés está cogida con alfileres. Nada de entrar en las causas, motivaciones, razones o intereses que han influido históricamente en la aparición y perpetuación de esta guerra sangrienta que se ha cobrado ya más de cinco millones de víctimas, y que ahora, después de algunos años de relativa calma, vuelve a repuntar con fuerza. No se habla del conflicto por controlar los ricos recursos mineros del país, ni de los intereses de las multinacionales mineras occidentales, ni de los apoyos realizados por los gobiernos pro-occidentales de Ruanda y Uganda a las guerrillas rebeldes congoleñas, ni de los contratos gubernamentales con empresas mineras chinas que han puesto en tela de juicio la hegemonía occidental sobre tales recursos naturales, ni de nada que remotamente se le parezca. Todo lo más se le da un cierto barniz de conflicto étnico e incluso religioso a la situación, cuando, curiosamente, la masacre de la que hablan en la noticia de ayer ha sido cometida por un grupo fundamentalista cristiano contra grupos de civiles cristianos desarmados. Huelga decir además que haciendo un rápido repaso por los artículos y noticias aparecidos sobre el tema en las web de izquierdas mencionadas, nos enteraremos a la perfección de qué va la cosa, con pelos y señales, tanto desde el punto de vista de las causas, como desde el punto de vista de los efectos y de la información referida a los movimientos de protesta a nivel internacional que se levantan en contra de esta sangrienta y bochornosa guerra. En Libertad Digital, como digo, nada de nada de todo esto, sólo una pequeña mención a las denuncias de Cáritas y nada más. Si los ciudadanos del estado español tuvieran que informarse de lo que ocurre en el Congo a través de Libertad Digital, los congoleños podrían seguir muriendo diariamente por millares y aquí no nos enteraríamos de nada, y mucho menos nos enteraríamos mínimamente del por qué de estas muertes. Sólo las webs informativas de izquierdas ponen algo de empeño en arrojar un poco de luz acerca de lo que allí sucede, indiferentemente de que haya o no otros genocidios en marcha en otros puntos del planeta, los cuales, por supuesto, también son denunciados convenientemente.

Total, que, a la vista de todo esto, podemos decir claramente que Libertad Digital ha utilizado la muerte de 400 personas en el Congo única y exclusivamente como arma arrojadiza con la que poder desviar la atención de su vergonzante apoyo, para nada disimulado, al genocidio palestino que está llevando a cabo en estos días el terrorismo israelí. Para nada le interesa a Libertad Digital, a la vista de la escasez de noticias que publica al respecto y la calidad informativa de las mismas, ni el conflicto en el Congo ni sus muertos civiles. Lo único que le importa a esta gentuza es tener argumentos con los que poder atacar a quienes se están oponiendo a esta barbarie sionista en Palestina. Y si para ello se puede aprovechar la coyuntura de una “guerra olvidada” en la cual se acaba de producir un número de victimas similar al que ya han causado en cinco días de operaciones las fuerzas sionistas, pues se hace. Como si hubiera que ir, machete en mano, a matarlas por ellos mismos. Todo sea por el bien de Israel y la victoria de occidente en su guerra perpetua contra el malvado Islam.

Así que finalmente no sé que es peor, si la miserable actitud que mantiene este medio en relación al conflicto palestino, o el uso que han hecho de la muerte de cuatrocientos inocentes en el Congo para justificarse de ello. Legitimar la muerte de centenares de personas es, sin duda , algo muy grave, pero fingir preocuparse por la muerte de otras tantas, las cuales en realidad no les importan tampoco una mierda, sólo para cubrirse las espaldas y poder así tener argumentos con que apoyar sus siniestros planteamientos, me lo parece mucho más. En cualquier caso, la miseria moral es lo único que puede definir con claridad ambos planteamientos. Miseria moral de la que en este medio neofascista van repletos hasta la médula. De hecho, la miseria moral es su única razón de ser, la única fuerza real que da vida al 99% de sus noticias.