sábado, 29 de mayo de 2010

Ante el brutal ataque neoliberal lanzado por el Gobierno contra las clases trabajadoras del Estado español


Las clases trabajadoras del Estado español están siendo sometidas al peor ataque neoliberal del que se tiene recuerdo en mucho tiempo en el marco geográfico de la Europa Occidental, excepción hecha del actual caso griego. El gobierno de Zapatero se ha quitado definitivamente la careta y ha decidido aplicar sin ningún tipo de miramiento el manual básico del neoliberalismo, a través de la aprobación de una serie de medidas que deben ser analizadas en su conjunto y no de manera fragmentada. La intención de las clases dominantes no es otra que aprovecharse del momento histórico que estamos atravesando para implantar de manera definitiva el neoliberalismo en el Estado, no ya como medidor y referente de las políticas económicas (cosa que viene sucediendo desde hace mucho tiempo), sino tejiendo su tela de araña en la estructura económica, jurídica, social y laboral del Estado, para que el Estado mismo quede atrapado en ella y no haya forma, ni ahora ni nunca, de sacárselo de encima. La situación es extremadamente grave, y, lo que es aún más preocupante, se está llevando a cabo ante las mismas narices de las clases trabajadoras sin que la mayoría de los integrantes de éstas se estén percatando de nada.

Al igual que ya ocurriese en América Latina en la década de los años 90 del siglo pasado, las clases burguesas dominantes aprovechan los periodos de crisis económica generalizada para imponer sus medidas neoliberales como supuestas vías para la salvación de las economías estatales, aunque, en realidad, en ningún país del mundo tales medidas hayan dado resultado beneficioso alguno para las economías estatales, sino, más bien, todo lo contrario. La actual crisis económica global es una buena muestra de ello. En realidad, con la aplicación de estas medidas, lo que las clases burguesas realmente pretenden es la profundización de su poder, el aumento de sus ganancias y la transformación de la estructura económica del Estado en favor de sus intereses, secuestrando de facto las economías de todos aquellos países donde son puestas en práctica, y desmantelando de paso los pocos logros en materia de derechos sociales y laborales que las luchas obreras hubiesen podido arrancar al poder burgués después de siglos de lucha de clases. El aumento de la desigualdad social, la concentración de la riqueza en manos de un porcentaje de la población cada vez más reducido, la caída en la calidad y cantidad de los servicios públicos y la pérdida de derechos sociales, son sólo algunas de las nefastas consecuencias directas que estas transformaciones neoliberales han generado en todos y cada uno de los países donde han sido impuestas. Ahora le ha tocado el turno al Estado español.

Primero fue el anuncio de un aumento de los impuestos indirectos -aquellos impuestos que son pagados por todos los consumidores/trabajadores por igual independientemente de su nivel de renta- y que entrará en vigencia el próximo mes con la anunciada subida del IVA. Luego nos llegó el anuncio de que el Gobierno estaba planteando una reforma en el sistema de pensiones, entre cuyas medidas se incluía el aumento de la edad de jubilación o nuevas fórmulas para reducir a la baja el cálculo del valor de las pensiones. Posteriormente nos llegó el paquete de medidas para el recorte del gasto público anunciado por Zapatero la semana pasada, en el cual, entre otras cosas, se reduce el sueldo de los funcionarios, se congela la cuantía de las pensiones y se reduce la ayuda al desarrollo. Pocos días después, el FMI imponía al Gobierno la necesidad urgente de llevar a cabo una reforma laboral y una reforma fiscal, con todo lo que ello implica en el manual de prácticas neoliberales: abaratamiento del coste del despido, nuevas fórmulas contractuales para fomentar el trabajo precario, reducción de la presión fiscal sobre las grandes fortunas, aumento de la misma a las clases trabajadoras, etc. Ahora, la Ministra de Sanidad nos ha anunciado que el Gobierno abre la puerta al sistema del “copago” en la sanidad pública, como antes le había llegado ya el turno a la educación con la implantación del Plan Bolonia y las diversas reformas educativas llevadas a cabo en los últimos años, tanto a nivel universitario como de enseñanza primaria y secundaria, que han convertido el sistema educativo en un aspirador de dinero público para ponerlo al servicio de empresas y multinacionales.

A la espera de que todas estas medidas aprobadas y/o anunciadas por el Gobierno español vayan entrando en vigor, la situación es clara: las clases trabajadoras están sufriendo un ataque sin precedentes que pretende implantar de manera definitiva e irreversible el neoliberalismo en el Estado. Lo que se está jugando ahora es una partida de ajedrez de consecuencias históricas. Las clases burguesas dominantes están tratando de llevar a cabo su particular revolución neoliberal para apoderarse plenamente del Estado, anulando incluso los pocos espacios que hasta ahora han servido para hacer de contrapeso al poder burgués ya instaurado. Es un desafío de connotaciones históricas ante el que las clases trabajadoras estamos obligadas a dar una respuesta igualmente histórica, o acabaremos por perder lo poco que habíamos conseguido ganar hasta ahora tras siglos de luchas populares. El neoliberalismo es la respuesta del gran capital a la profunda crisis que su sistema recurrentemente origina: más y más explotación y beneficios a costa de depauperar a capas cada vez más amplias de población trabajadora. Así debe ser visto, así debe ser analizado, y así debe ser entendido y difundido el momento histórico que estamos atravesando, es decir, como un brutal ataque neoliberal contra los derechos e intereses de las clases trabajadoras, diseminado en propuestas diversas pero con un objetivo común, que no es otro que el mencionado con anterioridad: apoderarse del Estado y su estructura económica en su totalidad.

Es por ello que desde el Colectivo Editorial de Kaosenlared queremos denunciar y repudiar este brutal ataque neoliberal que están sufriendo las clases trabajadoras del Estado español, haciendo hincapié en el hecho de que se debe dar una lectura conjunta a todas las medidas aprobadas y/o anunciadas por el Gobierno de Zapatero en los últimos meses, como parte de un plan cuyo objetivo no es otro que apoderarse de todos los resquicios del poder político y económico, laboral y social, que se puedan desprender del Estado. Pensamos, pues, que los medios de contrainformación debemos realizar un análisis global de la situación y no una mera denuncia segmentada de las diferentes medidas adoptadas desde el poder político. La clase trabajadora debe tomar consciencia de la gravedad del ataque neoliberal que venimos sufriendo, y para ello creemos que es necesario que se adopte un análisis global del mismo, no una mera denuncia segmentada de sus diferentes ramificaciones, como venía siendo lo habitual hasta el momento, incluso entre los propios medios alternativos.

Separar, por ejemplo, el anunciado aumento del IVA del paquete de medidas de ajuste del gasto público presentadas la semana pasada, la reforma laboral de la reforma fiscal, o la reforma sanitaria de la educativa, entender cualquiera de estas medias como independiente o no vinculada directamente con cualquiera de las otras, ahora mismo no es otra cosa que hacerle el juego al discurso oficial que pretende segmentar las luchas de resistencia a estos cambios, impidiendo así el desarrollo de la consciencia de clase entre los diversos colectivos de las clases trabajadoras afectados directamente por cualquiera de ellos. Todas estas medidas, lejos de representar medidas coyunturales, son parte de un mismo plan de “ajuste estructural”, y todos los que nos enfrentamos a ellas -sea desde el ámbito anticapitalista que sea- debemos tratar de unir nuestros esfuerzos, si queremos realmente tener una mínima esperanza de salir victoriosos en la resistencia frente a los cambios que nos quieren imponer.

La reforma neoliberal en materia de normativa laboral, la reforma fiscal, la reforma en el sistema de pensiones, en la sanidad pública o el sistema educativo, no son en absoluto medidas coyunturales que el Gobierno apruebe de manera transitoria para salir al paso de la actual crisis económica global, sino que son reformas que afectan a la estructura política, económica, social y laboral misma del Estado, y cuya duración se prolongará en el tiempo durante varias generaciones, si no de manera definitiva. El desafío de la burguesía (nativa y extranjera) contra las clases trabajadoras del Estado Español está lanzado, y su éxito dependerá, por supuesto, de la mayor o menor resistencia que éstas puedan oponer a la implantación del nuevo modelo de Estado neoliberal que se está gestando, un modelo de Estado absolutamente lesivo para sus intereses como clase trabajadora, mucho más lesivo incluso que el actual modelo burgués fundamentado en el conocido como “Estado del bienestar”.

Si queremos avanzar hacia un sistema de igualdad, equidad y libertad, no podemos permitir que el Estado retroceda justamente hacia el otro extremo: el neoliberalismo más salvaje y despótico. No nos conformamos con el Estado del Bienestar, pero tampoco vamos a permitir que los capitalistas se apropien y desmantelen los pocos derechos civiles, políticos, sociales, económicos y laborales que hasta la fecha los movimientos sociales han conseguido arrancar de las manos del poder económico tras décadas, tras siglos de luchas.

Es hora, pues, de trabajar por una movilización general contundente, amplia y sostenida, que enfrente resueltamente los brutales planes neoliberales puestos en marcha tanto en el Estado español como a escala europea, abriendo con ello posibilidades de reorganización de los movimientos sociales en la perspectiva de avanzar hacia otro modelo de sociedad no capitalista más justa y equitativa para todos y todas. La Huelga General debe ser, en nuestra opinión, el primer paso, y para ello nada como tomar conciencia de que nos estamos enfrentando ante un desafío histórico al que obligatoriamente tenemos que dar una respuesta desde la unidad y desde una visión de conjunto del brutal ataque que estamos sufriendo de manos del neoliberalismo y su gobierno de turno.

Sabemos que no serán las organizaciones sindicales burocráticas aliadas al poder, y traidoras de la clase obrera, como la aristocracia obrera del sindicato Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT), quienes lo hagan. Es el momento de la batalla, de que el campo popular organizado, a través de los partidos políticos de la izquierda anticapitalista, los sindicatos combativos y los movimientos sociales, tome las calles y los espacios públicos. Es hora de hacerles saber que el poder y la soberanía residen verdaderamente en el pueblo.

¡Huelga general ya! ¡Viva el pueblo trabajador!

Anibal Garzón.

Carlos García.

Diana Cordero.

Manuel Márquez.

Maurício Castro.

Pedro Antonio Honrubia Hurtado.

Teo Navarro.

Miembros del Colectivo Editorial de Kaosenlared.

lunes, 24 de mayo de 2010

El FMI ha venido para quedarse: brutal ataque neoliberal contra el Estado Español


El FMI ha instado hoy al Gobierno Español a aplicar reformas "urgentes y decisivas" para "reequilibrar la economía" e "impulsar la confianza", entre las que destacan las peticiones de incrementar la flexibilidad del mercado laboral, lograr la consolidación fiscal, así como la de reformar y consolidar el sector bancario para reforzar su solvencia y eficiencia.

No hace falta ser demasiado astuto para darse cuenta, a la luz de los últimos acontecimientos, que estos avisos del FMI son el paso previo para que el gobierno neoliberal de Zapatero vaya implementando una por una las peticiones que se le hacen llegar desde sus amos en Washington.

Estemos, pues, preparados para el nuevo paquete de reformas neoliberales que han de llegar de manera inminente, con una reforma laboral y un paquete de medidas fiscales que podrán en jaque el Estado del bienestar, y, con ello, muchos de los logros alcanzados por el movimiento obrero en décadas de lucha por la defensa de sus derechos e intereses económicos y laborales.

Sepan de antemano que cuando el FMI habla de reformas laborales, está hablando, sin tapujos, de una regulación en el marco de las relaciones laborales que dé plena libertad a los empresarios para despedir y contratar fuerza de trabajo a su antojo, con un abaratamiento de los costes del despido, una flexibilización de la normativa jurídica para permitir la aceleración de los procesos de despido, y, sobre todo, nuevos marcos contractuales para fomentar el trabajo precario y establecer nuevos mecanismos que permitan al empresario encontrar las fórmulas necesarias para reducir el coste de los salarios. Todo ello, supuestamente, con el fin de agilizar el "mercado" de trabajo para que aumente así el ritmo de contrataciones y la creación de empleo. Viejos eufemismos que esconden un aumento regulado de la explotación laboral, aumentando la legitimación legal de la misma.

Sepan también de antemano, que cuando el FMI habla de lograr una consolidación del régimen fiscal, esto pasa por aumentar los impuestos directos e indirectos a las clases trabajadoras, mientras se descarga la presión fiscal sobre empresas y grandes patrimonios con el fin de, supuestamente, fomentar la inversión y permitir así la creación de nuevos puestos de trabajo. Viejas recetas para que los ricos no se lleven su dinero a terceros países en tiempos de crisis, haciendo recaer con ello la recaudación de dinero público casi exclusivamente sobre las espaldas de los trabajadores, desempleados y pensionistas.

Sepan, por supuesto, que nada de lo aquí escrito nos lo estamos inventado nosotros, sino que es el manual de acción neoliberal que han seguido todos los países que han tenido que hacer frente a este tipo de peticiones del FMI durante las últimas tres décadas, tanto en el mundo desarrollado, como, sobre todo, en los países empobrecidos de la periferia capitalista. La década de los 90 en América Latina fue un buen ejemplo de ello, aunque los hay muchos más en todas las partes del mundo, desde las medidas aplicadas por los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en Reino Unido y los EEUU desde principios de los 80, a las múltiples imposiciones hechas a todos y cada uno de los países africanos a través de los denominados Programas de Ajuste Estructural (PAE). Eso, ni más ni menos, es lo que está sufriendo ahora el Estado Español: un Programa de Ajuste Estructural en toda regla impuesto por el FMI y sus palmeros. Neoliberalismo en su más pura esencia.

"No es momento para aumentar los impuestos a los ricos", decía recientemente Zapatero en sus consejo de ministros. Ahora, pues, pueden saber por qué: es momento de aplicar el manual neoliberal que desde el FMI y la UE están imponiendo al protectorado español ahora gestionado por Zapatero. El primer paso ya se ha dado con el paquete de recortes aprobado por el Gobierno la semana pasada. Ahora vienen de manera inminente el resto de medidas obligadas por el FMI y la UE, reformar las leyes que regulan "mercado" laboral y aumentar la presión fiscal de los trabajadores y trabajadoras. El aumento del IVA previsto para el próximo mes es sólo el primer paso de una cadena de reformas que van a dejar al Estado Español en manos de las instituciones financieras internacionales y los mercados de la especulación capitalista del mundo globalizado.

El Estado Español está sufriendo el peor ataque neoliberal que se recuerda en toda su historia, y los sindicatos del régimen siguen pensando que no hay espacio aún para una Huelga General. También ellos, obviamente, son conscientes de que no hay más remedio que obedecer lo que mandan desde el FMI y la UE, pues el Estado Español hace mucho tiempo que perdió su soberanía e independencia económica, y, entre otras cosas, enfrentarse a lo que ordenan desde el FMI y la UE supondría perder las jugosas subvenciones públicas de las que viven y se alimentan estos sindicatos entreguistas y traidores de la clase obrera.

O hacemos algo de manera urgente para combatir este brutal ataque neoliberal, o podemos acabar como Argentina en el año 2000, y no es ninguna exageración. Ustedes mismos.

Shock, Circo y neoliberalismo


El Consejo de Ministros aprobó ayer el Real Decreto de medidas de “ajuste del déficit”, que incluye un recorte de las retribuciones de los funcionarios del 5% de media y la congelación de las pensiones, salvo las mínimas y las no contributivas, entre otras medidas de “ahorro” en el gasto público. Un paquete de medidas neoliberales cuyo objetivo no es otro, por más que los medios de desinformación traten de convencer a la opinión pública de lo contrario, que el hacer pagar a los trabajadores y trabajadoras los costes de una crisis económica provocada por la avaricia del capital, mientras que aquellos que ganaron millones y millones de euros mientras duró la fantasía capitalista que se apoderó del Estado Español durante una década, se quedan con los bolsillos llenos y con sus fusiles apuntando al futuro en espera de una nueva oportunidad para seguir saciando a manos llenos sus ansias de dinero.

Ahora bien, el gobierno de Zapatero ha sabido escoger perfectamente la fecha para aprobar en su consejo de ministros el paquete de medidas neoliberales que nos han metido doblado en el día de ayer, sin que ello haya causado demasiado impacto emocional en esa misma población trabajadora contra las que van directamente destinadas estas medidas. El menú del día venía bien cargadito de noticias amortiguadoras para que así fuese. No faltaba de nada, desde el desayuno hasta la cena, postres incluidos. Veamos:

Por la mañana nos desayunábamos la noticia de que el más malo de los malos, entre los malos de ETA, había sido detenido. “Sigo en paro, pero hoy soy un poco más feliz”, “Ahora me siento mucho más seguro, me da igual la crisis”, fueron algunas de las reacciones inmediatas que se pudieron leer en diversos foros de Internet nada más conocerse la noticia. Al medio día, el almuerzo nos los servían con la lista de convocados del seleccionador español para el mundial de Sudáfrica. “Valdés sí, Valdés no”, “Todos con la Roja”, “A por ellos”, “Aquí no hay diferencias, todos a una con la selección”, resonaba a la hora de la siesta por todos lados, entre debates, tertulias, y amplios reportajes en todos los medios de comunicación. Para merendar, un torero catalán salía a hacer el paseíllo en la plaza de toros de Madrid con una bandera de Cataluña al hombro y una barretina. “Por la defensa de la fiesta nacional en la región catalana”, “Contra la iniciativa de los nacionalistas que quieren acabar con la cultura española”, aplaudían al torero desde diversos ámbitos mediáticos. Y ya para cenar, con la barriga bien llena, la aprobación del plan de ajuste neoliberal de Zapatero nos llegó por fin, calentito, eso sí. ¿Les pareció suficientemente sabroso el menú?

Decía Naomi Klein que no hay nada como generar un shock emocional en la población para que el neoliberalismo pueda hacer llegar sus propuestas a la ciudadanía sin que ésta se sienta especialmente dañada por ello; que el shock emocional causado por terceras razones, mitiga el impacto que puede tener el anuncio de ciertas medidas que de otra manera pudieran resultar impopulares y generar zozobra, descontento y ganas de protesta entre la ciudadanía. Un población en estado de shock, es una población que puede ser sometida con mayor facilidad, una población a la que se le habrá anulado su capacidad de respuesta, o, cuando menos, se le habrá mitigado bastante. La historia del neoliberalismo es la historia de la doctrina del shock. Ayer en Estado Español tuvimos buena muestra de ello.

Si hay tres temas en el Estado Español capaces de generar por sí mismos profundos impactos emocionales en la ciudadanía, esos son, sin duda, la mención a la organización armada ETA, una referencia a la confrontación de la españolidad con los ataques provenientes del nacionalismo periférico, y, por supuesto, la selección española de fútbol. Cualquiera de ellos, por separado, no deja jamás indiferente al españolito medio, de cual, con solo nombrarlos, se podrá recibir una respuesta inmediata. Si además juntamos los tres en un mismo día, en fin, ya se pueden imaginar, pueden dar por cerrado cualquier otro debate estatal, que no habrá el mínimo espacio para ello en la preocupación del españolito medio. Bien lo sabe Zapatero y su equipo de gobierno. Bien lo saben los medios de desinformación en manos de la burguesía. Bien lo sabe, en definitiva, quien escogió la selección de acontecimientos para un día donde el Estado y sus trabajadores/as habían de recibir uno de los mayores envites del neoliberalismo que se recuerdan.

Shock y Circo. Así fue el día de ayer en el Estado Español. Shock para atormentar al personal con sus propios temores interiorizados durante años por el discurso dominante, y circo para poner algo de color a una jornada donde todo pintaba realmente negro. Y sí, estoy diciendo que el Gobierno sabía muy bien lo que hacía presentando su plan de ajuste en la misma jornada que desde hace meses se sabe que el seleccionador español de fútbol daría su lista de convocados. Y, por supuesto, estoy diciendo que las fuerzas de seguridad españolas y francesas sabían perfectamente lo que hacían cuando ordenaban detener a uno de los líderes de ETA justo en el día de ayer, y no un día antes o un días después. Lo del torero probablemente haya sido un añadido perfecto al menú que ni ellos mismos habrían tenido en cuenta, pero que les ha venido de perlas. Entre eso, y las decenas de miles de personas que andaban por Sevilla celebrando en las calles la victoria de su equipo de fútbol en la copa del Rey (cuando el 1 Mayo no había más de 5000 personas en la más mayoritaria de las marchas convocadas), de lo que menos se pudo hablar ayer fue del plan de ajuste de Zapatero, o, mejor dicho, en lo que menos pensaron los trabajadores y trabajadoras, desde la mañana hasta la noche, fue en plan neoliberal de Zapatero.

Y es que cualquier medida de precaución es buena ante lo que se les pudiera venir encima a la burguesía si los trabajadores y trabajadoras tomaran realmente consciencia del brutal ataque neoliberal que todos y todas estamos sufriendo.

Así que ya lo saben, shock y circo… y el plan de ajuste neoliberal, con perdón, por el culo te lo hinco.¡Qué les aproveche!

No pasa nada, nunca pasa nada


Es la norma básica del capitalismo: privatizar beneficios, socializar pérdidas. Es condición necesaria para la existencia del sistema: que los ricos no dejen de ganar nunca a costa de que los trabajadores y trabajadoras asuman siempre los costes de cualquier tipo de perturbación en los “mercados”. Es la ley natural del neoliberalismo: que el Estado ahogue a lxs ciudadanxs con menor poder adquisitivo, para que los grandes bancos y demás empresas privadas de envergadura no asuman ni un ápice del costo de cualquier “crisis” económica que se pueda generar. Es el paradigma de nuestro mundo: pisar al débil para que el poderoso burgués pueda seguir siempre creciendo y hacia adelante.

Pasó en América Latina, donde los gobiernos neoliberales de todo tipo llevaron a los pueblos a la ruina más absoluta, y está pasando ahora en el corazón de la todopoderosa Europa. Y pasará siempre, en cualquier parte del mundo, mientras el capitalismo siga vivo. La especulación de los ladrones y explotadores sin escrúpulos que ganan diariamente montañas de dinero, acaba siempre, antes o después, recayendo sobre las espaldas de las clases trabajadoras de aquí y de allá, de un lado y del otro, sin que nadie entre la clase burguesa dirigente parezca tener la más mínima preocupación por ello.

No pasa nada, nunca pasa nada. El capitalismo es un sistema económico caduco, nefasto y absolutamente ficticio. Un sistema económico que no es capaz de producir riqueza sobre una base estable y consolidada según sus propias reglas de “mercado”. Un sistema que es en sí mismo una burbuja de proporciones planetarias, y cuyo sostenimiento solo es posible a través del engaño financiero, la explotación laboral, el robo de recursos ajenos, y, en definitiva, la creación de riqueza ficticia, absolutamente desligada de la economía real, que, antes o después, acaba por esfumarse entre las manos de los especuladores. Es un sistema que no se puede sostener salvo por la explotación de unos países sobre otros, causando miles y miles de millones de pobres y hambrientos en todo el mundo, y cuya existencia depende en última instancia de los favores que todos los Estados ricos y explotadores hacen a las clases burguesas que los dirigen en la sombra. Unos favores que, obviamente, o bien salen directamente del bolsillo de los contribuyentes (vía ayudas y rescates), o bien cargan sobre la espalda del trabajador (vía recortes). En menos de dos años, en el Estado Español hemos tenido favores de ambos tipos.

Pero no pasa nada, nunca pasa nada. Ahora habrá quien justifique, desde la clase trabajadora, que sean los funcionarios y pensionistas quienes tengan que asumir el mayor coste de los recortes sociales que nos acaba de meter doblados el socialista Zapatero. Habrá quien diga que por algo son los costes de estos pagos dos de las principales partidas presupuestarias sobre las que realmente puede intervenir un gobierno para generar efectos reales en el recorte del gasto público, en busca de una reducción del déficit. Los aparatos mediáticos de la burguesía ya llevan tiempo manos a la obra difundiendo tal mensaje por activa y por pasiva, poniendo en bandeja del aborregado ciudadano los argumentos que ahora deberán esgrimir para contrarrestar la rabia social de quienes van a sufrir directamente los principales recortes presentados. Ya se puede ver en cualquier foro donde se hable sobre el plan de ajuste griego que nos acaba de plantar Zapatero en toda la cara. Alzan sus voces lacayas, sumisas y serviciales para defender con vehemencia la doctrina neoliberal que está llevando al mundo al borde del colapso, porque no otra cosa es lo que Zapatero nos acaba de enchufar a grandes dosis y sin miramientos. No pasa nada, nunca pasa nada.

Otros tal vez protesten interesadamente con miras a las próximas elecciones, pensando en la caída del gobierno actual, en los réditos políticos que les podrá dar ahora su demagogia barata del tres al cuarto. Su solución: el neofranquista y ultra neoliberal Partido Populista. Allá verán la esperanza. Justo allá, donde los recortes sociales, la privatización, la desregulación de los mercados y la liberalización comercial son dogmas de fe. Allí donde el fomento de las burbujas más escandalosas y descaradas, donde la legitimación legal del trabajo precario y donde la venta parcela a parcela de lo poco productivo que aún pueda quedar en manos del Estado, es santo y seña de la casa. Allá mirarán, donde se encuentran quienes llevaron al Estado a una realidad fantasiosa, propia de un Alicia en el País de las Maravillas cualquiera, que por una década generó billones de euros en beneficios para los especuladores y banqueros, con algo de trabajo precario para algunos obrerxs que llegaron a creerse realmente burgueses, y que ahora están engordando las listas del paro, o viendo como todo el peso de la crisis acabará por caer sobre sus espaldas, preguntándose cómo es posible que su suerte haya podido cambiar tanto de un año para otro. Siempre estuvieron en crisis, nunca fueron nadie, esa es la única verdad. Pero no pasa nada, nunca pasa nada. Voten Partido Popular.

La lucha de clases no existe, es un discurso del pasado. ¿Cuántas veces habremos tenido que escuchar tal argumento en boca de ciudadanos y ciudadanas de la clase trabajadora? Pues ahí llevan lucha de clases, a boca llena, hasta que se indigesten. Otra vez se están riendo de usted, mientras usted les hace palmas. Vaya, vaya a los barrios burgueses de sus ciudades, a la casa de los señoritos terratenientes de sus pueblos, vaya y mire bien dentro: verá y entenderá lo que es la lucha de clases. Mientras usted se tiene que apretar el cinturón obligado por el gobierno, si es que acaso puede usted tener si quiera cinturón que apretarse, allí verá la holgura que da los tirantes a quienes viven de la explotación del trabajo ajeno, de la especulación y de los rescates a manos llenas del gobierno burgués. Vaya y mire dentro. Pero tranquilo, no pasa nada, nunca pasa nada. Es, sin más, la situación natural del capitalismo. Quédese tranquilo.

La lucha de clases ha muerto, sí, pero solo para la conciencia del obrero. Hace mucho que los burgueses la dominan a su antojo mientras a usted simplemente le queda aplaudir los goles que le meten en su propia portería, apretarse el cinturón y votar indistintamente a los dos partidos burgueses que periódicamente se reparten el gobierno del Estado burgués, eso sí, en democracia. ¿Huelga general para qué? El que aún conserve su trabajo la aprovechará para irse a la playa. Que allí sí pasan cosas, muchas cosas. Ya lo vimos el primero de Mayo. Igual suena mal decirlo, pero, de momento, tenemos lo que nos merecemos, y punto. No pasa nada, nunca pasa nada. A joderse toca, que hay fútbol el domingo.

sábado, 24 de abril de 2010

Los franquistas siguen muriendo en la cama y con honores de Estado


Faltaba poco más de un año para la muerte de Franco pero Samaranch aún alzaba el brazo...

Honor a los vencedores, humillación para los vencidos. Gloria a los héroes de la patria, persecución y castigo para los traidores. Cuarenta años de dictadura franquista llevaron a bien tales tendencias ideológicas desde Cataluña a las Canarias, del País Vasco a Andalucía, de las Baleares a Galicia, de Valencia a Extremadura.

El nombre de los muertos en la cruzada contra el comunismo se fue insertando en cada Iglesia, en cada plaza, en cada calle del Estado Español. Sus memorias honradas y sus familias resarcidas y cuidadas con mimo por la dictadura. Al otro lado quedaban aquellos que perdieron la guerra. Masacrados, perseguidos, castigados, fusilados al amanecer, enterrados en las cunetas, represaliados y expulsados de la historia.

Cuarenta años aguantando la complicidad de media España con la tortura, el asesinato, la persecución física y memorística de quienes habían osado alzar su voz contra el fascismo. Cuarenta años en que los deseos de una sociedad libre y democrática habitaban en recónditos escondites, tanto físicos como mentales. Mientras las loas a la muerte; de la cultura, de la inteligencia, de la libertad y de la vida misma; eran discurso oficial de Estado, y motivo de medallas y aplausos generalizados en las plazas públicas.

Cuarenta años esperando la muerte del dictador como única salida factible a un régimen fascista que cada año que pasaba estaba más respaldado por la Comunidad Internacional del “mundo libre”. Ningún apoyo para la resistencia de esos hombres y mujeres que peleaban en el día a día de aquella España por derrocar al tirano, desde los montes, las fábricas, o donde quieran que pudiesen estar durante los cuarenta años que duró aquello.

Franco murió en la cama y con honores de Estado. Sus acólitos salieron a rendirle homenaje por millones con la esperanza de que algún otro fascista asumiese mando y continuase con la macabra obra histórica que había creado el Caudillo por la Gracia de Dios. Los vencidos debían esperar pacientemente su momento. La democracia estaba llegando. Llamaba a la puerta del Estado. Nadie fue a abrirle.

Tres décadas después de todo aquello, los franquistas se siguen muriendo en la cama y con honores de Estado, y los vencidos siguen esperando justicia. Las masas salen a la calle para honrar la memoria de los que alzaron la bandera de la dictadura, mientras los familiares de los muertos de ésta tienen que acudir al exilio para buscar una memoria que se les sigue negando.

Nada ha cambiado. Ni en la formas ni el fondo. Los que llamaban a la democracia entre signos de exclamación, no tienen más remedio ahora que sustituir aquellos signos por los más acordes signos de interrogación. ¿Democracia? Sí, la que los franquistas construyeron desde 1936.

Consecuencias y amenazas inmediatas de la “triple crisis” generada por el neoliberalismo


Introducción

La crisis del capitalismo financiero internacional, generada por la avaricia especuladora neoliberal, está haciendo estragos en la economía mundial, principalmente en aquellos países empobrecidos situado en la periferia del sistema-mundo capitalista.

"La crisis amenaza con socavar todos nuestros logros y avances. Los progresos que hemos hecho para erradicar la pobreza y la enfermedad. Los progresos por combatir el cambio climático y promover el desarrollo. Por asegurar que la gente tenga suficiente para comer... Podría ser el golpe final al que muchos de los más pobres entre los pobres del mundo sencillamente no podrían sobrevivir", advertía el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, a poco de desatarse la catástrofe financiera en los EEUU. Sus proféticas palabras se han transformado ya en una trágica realidad que aborda una triple perspectiva: económica, ambiental y alimenticia.

La crisis, como es sabido, comenzó en los EEUU y rápidamente se propagó por la gran mayoría de los países occidentales desarrollados, cuyos sistemas financieros estaban estrechamente vinculados al sistema financiero de los EEUU. Sin embargo, aun cuando nada tienen que ver con el origen de la misma, la extrema dependencia en la que viven las economías de los países en desarrollo respecto de estas economías financiero-especulativas de los países desarrollados, ha acabado por convertir a los países empobrecidos de la periferia en los países más afectados por esta crisis, sobre todo si abordamos el problema desde una perspectiva social y humanitaria, y no tanto desde una perspectiva meramente economicista.

Mientras en el primer mundo la crisis está siendo protagonizada principalmente por el mundo financiero y especulativo, con fuertes ramificaciones, eso sí, hacia la denominada "economía real", generando serios problemas en la estabilidad laboral y la calidad de vida de millones de trabajadores y trabajadoras, el problema para los países del Tercer Mundo ha acabado por alcanzar tintes mucho más dramáticos, al punto de que diversos autores han alertado, como se ha dicho, acerca de la existencia de una triple crisis (económica, ambiental y alimenticia), cuyos efectos a medio plazo pueden ser absolutamente devastadores para las poblaciones de estos países, bastante más devastadores incluso de lo mucho que ya lo están siendo y lo han sido hasta ahora.

La caída de precios en los mercados de materias primas de los cuales dependen las exportaciones de los países empobrecidos, la retirada de las inversiones extranjeras provenientes de los países desarrollados, el estancamiento en el comercio internacional y el descenso en el ritmo de crecimiento de las exportaciones, la caída en la cantidad de dinero ingresado por estos países a través de las remesas de sus trabajadores en el extranjero (afectados a su vez por el aumento del desempleo en los países desarrollados), la devaluación de sus monedas, el descenso en la cuantía de las ayudas humanitarias, la disminución de los flujos de capital, los retiros de capital en los mercados de valores de estos países por los inversores de los países desarrollados, la dificultad para acceder a nuevos créditos en el extranjero, en fin, las múltiples formas de dependencia que estos países tienen respecto de las economías desarrolladas, han obrado la mayor parte del trabajo con toda precisión. El alto precio en el que han estado ubicados los alimentos y los combustibles durante los últimos años (una coyuntura que paradójicamente sirvió como fuente de importantes ingresos para un buen número de países en desarrollo) hicieron el resto.

El economista y politólogo Eric Toussaint escribía al poco de estallar la crisis "Como consecuencia de la crisis desencadenada en los países más industrializados, las condiciones de los préstamos para los PED se endurecerán. Las importantes reservas de cambio que han acumulado en estos últimos años amortiguarán los efectos de ese endurecimiento, pero sin duda no serán suficientes para protegerlos completamente. Algunos eslabones débiles de la cadena de endeudamiento en el Sur es probable que se vean afectados en un futuro próximo, en tanto que algunos de ellos ya están seriamente tocados por la crisis alimentaria mundial que estalló en 2008" (Toussaint, 2008).

Desgraciadamente los malos augurios pronosticados por este prestigioso economista crítico se han visto cumplidos con creces. Como decimos, además, desde una triple perspectiva: económica, ambiental y alimenticia.

Salvando bancos, hundiendo el mundo


Según algunos estudios recientes del FMI (FMI, 2009) se estima que, a consecuencia de la actual crisis económica internacional, el PIB mundial se contrajo un alarmante 6,25% (anualizado) en el cuarto trimestre de 2008, descendiendo casi al mismo ritmo en el primer trimestre de 2009. Las economías avanzadas registraron una reducción sin precedentes del 7,5% en el cuarto trimestre de 2008, y la mayoría de ellas ahora están o han estado atravesando recesiones profundas durante los últimos dos años. Las estimaciones más optimistas nos hablan de que el Producto Global se contrajo un mínimo de 2,6% durante 2009.

Por otro lado, según informaba el prestigioso diario "The Telegraph" en su edición del 8 de agosto de 2009 (The Telegraph, 2009), el propio FMI calculaba ya entonces que el costo de la crisis ascendía a 11,9 billones de dólares, habiéndose multiplicado por más del doble en los apenas cuatro meses transcurridos desde las anteriores estimaciones presentadas por este mismo organismo en abril de 2009, las cuales situaban dicho coste en unos 4,1 billones de $ (FMI, 2009a). Los 11,9 Billones mencionados serían tan sólo el resultado de sumar todo el dinero que el mundo había gastado hasta ese momento para depurar los activos tóxicos del sistema financiero.

Para que se comprenda bien el volumen de la cifra, se podría decir que semejante cantidad de dinero equivaldría a un quinto de toda la producción económica mundial anual, o, caso de ser entregada equitativamente entre todos los seres humanos del plantea, vendría a suponer 1.830 US$ por cabeza. Si pensamos además que casi el 50 por ciento de la población mundial vive con menos de 2 dólares diarios, podemos ver la magnitud de lo acontecido, la insoportable cantidad de dinero que los Estados capitalistas han tenido que gastar para rescatar a sus propios sistemas financieros de las perturbaciones generadas por la aplicación sistemática de los postulados neoliberales durante casi tres décadas. Estos 11,9 billones de dólares, como decimos, incluyen solamente las aportaciones de capital a los bancos, inyectadas para evitar el derrumbe del sistema. Casi nada.

Estos datos resultan aún más elocuentes si, como informaba igualmente el diario "The Telegraph" en la noticia reseñada, se sabe que la mayor parte de este monto, equivalente al 86% de los recursos (10,2 billones de dólares), había sido entregada a los países desarrollados, mientras que los países en desarrollo han recibido un apoyo de apenas 1,7 billones de dólares (14%).

Gran Bretaña y Estados Unidos han sido los países que han recibido más apoyo con estas medidas de emergencia para socorrer su sistema financiero. En el caso del Reino Unido, su factura de socorro asciende al 80% del PIB nacional.

Curiosamente, aunque seguramente no por casualidad, tales países son los dos Estados que dieron origen a la época neoliberal a finales de los 70 y principios de los 80, aunque el Chile de Pinochet ya venía sirviendo como laboratorio de pruebas desde el golpe de Estado de 1973. Curiosamente también, Chile ya fue en su momento el país latinoamericano más afectado por la crisis económica de los 80.

Pero, por si quedaba alguna duda del origen de esta crisis global, ha sido la propia ONU quien no ha tenido más remedio que reconocer, a través de un informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre comercio y desarrollo (UNCTAD), el fracaso absoluto que la etapa neoliberal ha supuesto para el mundo: "el laissez-faire de los últimos 20 años, inspirado por un fundamentalismo de mercado, ha fracasado estrepitosamente" (UNCTAD, 2009).

Según este mismo informe, las razones de este fracaso debemos buscarlas, entre otros asuntos mencionados, en "la fe ciega en la eficiencia de los mercados financieros desregulados y la inexistencia de un sistema financiero y monetario basado en la cooperación que generó la ilusión de que las operaciones financieras especulativas en numerosos ámbitos podían rendir ganancias sin riesgo y otorgaban licencia para el derroche (...) La desregulación financiera, impulsada por una creencia ideológica en las virtudes del mercado, ha favorecido la aparición de instrumentos financieros "innovadores" sin vinculación alguna con actividades productivas en el sector real de la economía. Esos instrumentos propician actividades especulativas que se basan en información aparentemente convincente, pero que en realidad no representa sino una extrapolación al futuro de las tendencias actuales." (UNCTAD, 2009).

El neoliberalismo fracasó estrepitosamente, dando paso con su fracaso a la peor crisis financiera internacional que se recuerda desde el crack bursátil de 1929.

El privilegio de los bancos: ellos siempre ganan


Ante esta crisis en los mercados financieros internacionales, las instituciones públicas están, como se ha visto, inyectando enormes sumas de dinero público (procedentes, lógicamente, de los impuestos de los ciudadanos) para mantener viva la liquidez en los mismos. Pero estas inyecciones económicas están siendo acaparadas casi exclusivamente por los bancos y no parecen estar fluyendo hacia la economía real, ya que las condiciones bancarias para el acceso de la ciudadanía a los créditos no han hecho sino endurecerse sobremanera. Los bancos reciben dinero de los gobiernos para solventar sus problemas financieros, pero tal dinero no acaba de fluir, como debiera ser lo aconsejable, hacia el desarrollo de la economía real, vía créditos a particulares y empresas con los que poder fomentar tanto la inversión como el consumo.

En España, por ejemplo, "el gobierno ha puesto directamente a disposición de los bancos más de 230.000 millones de euros, una cantidad que representa el 20% del PIB y más del doble de lo que el Estado se gasta en pensiones cada año. Gracias a ello, los beneficios de los bancos siguen siendo multimillonarios: 23.936 millones de euros en 2008, que fue un año de crisis, y que sumados a los obtenidos desde 2004 dan un total de 112.923 millones de euros. Una cantidad fabulosa que se conjuga, sin embargo, con la pérdida de empleo en el sector, con los problemas de solvencia y, sobre todo, con la falta de liquidez y de financiación que padece la economía. Sin embargo, un estudio reciente del Banco Central Europeo (Euro area bank lending survey Abril 2009) pone de relieve que el 40% de las entidades bancarias españolas han restringido el crédito a sociedades, el 30% el hipotecario y el 40% el destinado al consumo" (Torres López, Garzón Espinosa, 2009).

Los bancos siguen, pues, a pesar de todo, saqueando a la ciudadanía, esta vez mediante la apropiación para su propio beneficio de fondos provenientes del erario público, convirtiéndose en auténticas aspiradoras que absorben cuanto pueden del dinero público para sus fines privados, una práctica, por otro lado, absolutamente en consonancia con los postulados neoliberales, y que podríamos asimilar perfectamente con una privatización encubierta del dinero público a gran escala. Si además tenemos en cuenta que la tasa de ahorro se ha disparado desde el comienzo de la crisis, los bancos vuelven a ser, una vez más, los grandes beneficiados de una crisis que ellos mismo generaron, mientras el peso de carga de la misma vuelve a recaer sobre los hombros de los trabajadores y trabajadoras. Sea como sea, pase lo que pase, los bancos siempre salen ganando.

Avanzando hacia la triple crisis internacional

Pero no basta con centrar nuestra atención en la debacle financiera. Detrás de la crisis financiera se manifiesta también, como no podía ser de otro modo, una crisis de la economía real, pues la propia deriva financiera irremediablemente acaba por ahogar el desarrollo de la base productiva, así como ataca con más fuerza a quienes menos capacidad de respuesta tienen ante los desafíos de la economía internacional: los pobres del mundo.

El desmoronamiento del sistema financiero internacional, la mencionada caída del modelo neoliberal aplicado a los mercados financieros internacionales durante las tres últimas décadas, trajo consigo también otra serie de consecuencias que han afectado brutalmente a la estabilidad económica y el desarrollo de los países empobrecidos.

Entre otros efectos, los grandes inversores internacionales, al darse cuenta que la burbuja financiera estaba en plena decadencia y sus capitales comprometidos, que las ganancias allí eran ya prácticamente imposibles, movieron sus inversiones hacia aquellos otros mercados que pudieran satisfacer sus avariciosas pretensiones. Concretamente hacia aquellos mercados que en el momento de explotar la burbuja financiera presentaban una tendencia al alza de los precios, requisito imprescindible para dar rienda suelta a la especulación en busca de ganancias rápidas y cuantiosas, tal cual es la lógica de extremada avaricia y desenfrenada codicia que domina los mercados financieros en el marco de una esfera neoliberal. Estos mercados, para desgracia de la humanidad, no eran otros que el mercado energético y el mercado de alimentos, dos mercados que afectan de manera fundamental en el desarrollo y la calidad de vida de los países empobrecidos, especialmente en aquellos países que no cuentan con intereses públicos en estos mercados.

El economista Juan Torres López nos explica este fenómeno de la siguiente manera: "La lógica especulativa que mueve las finanzas de nuestra época consiste en tratar de obtener los máximos rendimientos económicos en el menor espacio de tiempo posible. Los grandes capitales que existen en los mercados se mueven siempre hacia los espacios financieros donde se ofrecen mejores rentabilidades. Esta es lo que provocó el traslado de los grandes capitales desde el mercado bursátil, que se desplomó en el año 2000, hacia el mercado inmobiliario, creando de esta forma la burbuja inmobiliaria. Y esta sería también la razón que llevó a los inversores especulativos a salir del mercado de derivados financieros cuando estalla la burbuja. Pero no se vuelven hacia el aparato productivo, a crear empleo y riqueza. No. Dirigen su proa hacia a aquellos mercados en donde prevén que pueden alcanzar rentabilidades de la misma naturaleza, altas, rápidas y a ser posible sin rastro fiscal. Los mercados apropiados para ello en ese momento son los que tengan una cierta tendencia estructural al alza de precios. Es así que se podría ganar mucho dinero y fácilmente comprando y vendiendo enseguida. Puesto que el inmobiliario ya no servía, los capitales se dirigieron a otros dos mercados con esta característica: el del petróleo y el de productos alimenticios. Eso fue lo que produjo como de repente unas subidas espectaculares en los precios del petróleo y de los productos básicos en todo el planeta ante la perplejidad de la gente y ante la pasividad de los gobiernos que, como hasta entonces, dejaron hacer a los especuladores." (Torres López, 2009).

Si además sumamos todo esto a las amenazas cada vez más patentes de los efectos que el cambio climático puede tener en relación a la economía mundial y, de manera especial, sobre aquellos países de la periferia capitalista más empobrecidos y menos aptos para dotarse de los instrumentos necesarios en la lucha contra los mismos, nos da como resultado una combinación verdaderamente explosiva, una combinación que amenaza como nunca antes en la historia el futuro de las próximas generaciones de seres humanos, y muy especialmente, insisto, el de aquellos habitantes residentes en los países más empobrecidos.

Esta crisis económica y financiera, generada en los países ricos por la avaricia neoliberal, se ve acompañada entonces de una crisis ecológico-energética y de una crisis alimentaria que afectan fundamentalmente a los países empobrecidos, muy a pesar de que poco o nada han tenido que ver estos países en el desarrollo de la crisis financiera internacional.

La huella ecológica y la insostenibilidad del sistema consumista-capitalista

Crisis ecológico-energética en tanto que los recursos naturales existentes a nivel mundial no son suficientes para sustentar un modelo de desarrollo global basado en los actuales patrones occidentales de vida, lo cual implica necesariamente que el mantenimiento del modo de vida occidental, así como de sus patrones de crecimiento económico, lleve consigo el subdesarrollo y la dependencia de los países de la periferia del sistema. Como no parece probable (ni posible) que los países occidentales desarrollados vayan a variar su modelo de desarrollo económico y productivo, la amenaza es evidente.

Subdesarrollo porque es imposible que todos los países puedan tomar el camino del desarrollo marcado por la sociedad occidental capitalista, ya que no existen para ello los recursos suficientes a nivel mundial, así que sólo un número limitado de países puede aspirar realmente tener tal modelo de crecimiento económico. Obviamente, los países que a día de hoy ya poseen exitosamente este modelo de crecimiento no van a permitir que nuevos países se suban al carro del desarrollo occidental, pues eso implicaría una lucha directa por los recursos. Como en ese famoso juego infantil, hay pocas sillas donde sentarse y muchos niños compitiendo por ellas. Así que los que ya están cómodamente sentado en sus sillas, ¿alguien cree realmente que van a permitir que otros ocupen su lugar para que finalmente sean ellos los que se puedan quedar sin silla?

Si añadimos a lo anterior que son estos países quienes tienen el control total y absoluto del funcionamiento a nivel internacional de los principales mercados, ¿qué expectativas reales de crecimiento y desarrollo pueden tener aquellos países que a día de hoy se encuentran fuera de las sillas? El subdesarrollo está garantizado. Es una mera cuestión de lógica económica, amén del más elemental sentido común.

Dependencia además porque, evidentemente, planeta sólo tenemos uno. Si ya en la actualidad sabemos que el 20% de la población mundial, concentrada en los países desarrollados, consume el 80% del total de los recursos naturales y tales recursos provienen de todos los rincones del mundo, los recursos concentrados en aquellos países que no se encuentran dentro de ese 20% de la población mundial no tienen más remedio que estar siendo puestos al servicio de aquellos que están siendo sus actuales consumidores.

Ergo, si el modelo de desarrollo occidental, en el cual viven ese 20% de la población mundial, no puede ser extrapolado al total de los países existentes, pues, como se ha dicho, no existen recursos suficientes para ello; de igual modo que los países desarrollados no pueden permitir el desarrollo real de los países empobrecidos, pues ello supondría entrar en competencia directa con estos países por los limitados recursos existentes, tampoco pueden permitir que aquellos recursos generados en estos países empobrecidos pasen a contribuir al desarrollo endógeno de sus propias economías, pues tales recursos les son necesarios a los países desarrollados, como condición sine qua non, para continuar con su propio crecimiento, que de otra manera no podría seguir delante de la manera en que lo hace en la actualidad.

En demostración de estas tesis, Carlos Fernández Liria, profesor de Filosofía de la Universidad Complutense, escribía un artículo para el diario español "Público" titulado "¿Quién cabe en el mundo?" (Fernández Liria, 2008). En él, el profesor español comenta un estudio de Mathis Wackernagel, investigador del Global Footprint Network (California). Un estudio que lleva por nombre "El mundo suspende en desarrollo sostenible" y que ciertamente presenta unos resultados bastante significativos:

"La cosa es bien sencilla. El eje vertical representa el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por Naciones Unidas para medir las condiciones de vida de los ciudadanos tomando como indicadores la esperanza de vida al nacer, el nivel educativo y el PIB per cápita. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera el IDH "alto" cuando es igual o superior a 0'8, estableciendo que, en caso contrario, los países no están "suficientemente desarrollados". En el eje horizontal se mide la cantidad de planetas Tierra que sería preciso utilizar en el caso de que se generalizara a todo el mundo el nivel de consumo de un país dado. Wackernagel y su equipo hicieron los cálculos para 93 países entre 1975 y 2003. Los resultados son estremecedores y sorprendentes. Si, por ejemplo, se llegara a generalizar el estilo de vida de Burundi, nos sobraría aún más de la mitad del planeta. Pero Burundi está muy por debajo del nivel satisfactorio de desarrollo (0'3 de IDH). En cambio, Reino Unido, por ejemplo, tiene un excelente IDH. El problema es que, para conseguirlo, necesita consumir tantos recursos que, si su estilo de vida se generalizase, nos harían falta tres planetas Tierra. EEUU tiene también buena nota en desarrollo humano; pero su "huella ecológica" es tal que harían falta más de cinco planetas para generalizar su estilo de vida. Repasando el resto de los 93 países, se comprende que hay motivos para que el trabajo de Wackernagel se titule El mundo suspende en desarrollo sostenible. Como no hay más que un planeta Tierra, es obvio que sólo los países que se sitúen en el área coloreada de la gráfica (por encima de un 0'8 en IDH, sin sobrepasar el número 1 de planetas disponibles) tienen un desarrollo sostenible. Sólo los países comprendidos en esa área serían un modelo político a imitar, al menos para aquellos políticos que quieran conservar el mundo a medio plazo o que no estén dispuestos a defender su derecho (¿quizás racial, divino o histórico?) a vivir indefinidamente muy por encima del resto del mundo. Ahora bien, ocurre que el área en cuestión está prácticamente vacía. Hay un solo país en el mundo que -por ahora al menos- tiene un desarrollo aceptable y sostenible a la vez: Cuba" (Fernández Liria, 2008).

Los resultados de tal estudio entonces, a mi juicio, no pueden ser más esclarecedores: ese es, ni más ni menos, el mundo en que vivimos. Un mundo dominado por una serie de potencias centrales que se llenan la boca hablando de democracia y de libertad, de progreso y de desarrollo, pero que tras tal discurso no hacen sino ocultar la única y verdadera realidad que nos asola: que el desarrollo de los países de la periferia no podrá hacerse jamás si no es costa de acaparar parte del desarrollo de los países del centro, de igual modo que el desarrollo de los países del centro no se podría llevar a cabo si no es a costa de contribuir al subdesarrollo de los países de la periferia. Son, guste o no, las dos caras de una misma moneda. El Planeta no es capaz de soportar el desarrollo de todos a un mismo tiempo, no al menos desde una perspectiva consumista-capitalista, tal cual quieren imponer al mundo los países desarrollados.

Los países capitalistas desarrollados no pueden dar marcha atrás a su modelo productivo

Por otro lado, el modelo consumista que fundamenta la economía de los países desarrollados, además de, como se puede ver, ser un modelo potencialmente insostenible a largo plazo, es un modelo intrínsecamente injusto y causante de pobreza y desigualdades a nivel internacional.

Como bien afirma la ONU en un conocido informe sobre desigualdades sociales (ONU, 2005) "es profundamente alarmante que, en un mundo en que se han alcanzado niveles sin precedentes de riqueza, conocimientos técnicos y saber científico y médico, sean los más vulnerables de la sociedad los que sistemáticamente salgan perdiendo en los períodos de expansión económica. Una de las consecuencias más visibles de la globalización es el acceso a nuevos tipos de riqueza, que tiende a aumentar la desigualdad. La globalización ha contribuido a acentuar las tendencias que hacen que el 20% más rico del planeta realice el 86% del consumo privado y el 20% más pobre apenas supere el 1%. Si no se procura lograr un giro de la política económica para ayudar a los que se han quedado atrás, es dudoso que se pueda avanzar hacia la reducción de la pobreza".

Lo que tal vez no se haya querido reconocer de manera explícita en este informe de la ONU es que tal giro a la política económica es totalmente imposible desde la perspectiva de los países desarrollados, pues ello no podría sino implicar un estancamiento en el crecimiento de sus respectivas economías y, por ende, un sinfín de problemas en el ámbito de la denominada "economía real" que afectaría de manera directa sobre la ciudadanía de estos países, abriendo de par en par la puerta a todo tipo de revueltas sociales y levantamientos públicos en contra del modelo económico y social imperante.

La propia dinámica en la que se han venido moviendo las economías de los países desarrollados en las últimas décadas hacen que el simple hecho de paralizar el crecimiento económico del país durante un periodo de tiempo prolongado, pueda acabar con sus respectivos países al borde la bancarrota, sino completamente en ella.

El capitalismo, en su afán de producir siempre más beneficios, necesita un crecimiento constante. Esto es así, pues buena parte de la riqueza que circula por los mercados monetarios y financieros de estas naciones desarrolladas no es más que economía virtual, sin respaldo alguno en la base productiva de la sociedad. La desproporción existente entre la riqueza financiera y monetaria que circula por los mercados internacionales y la riqueza realmente existente vinculada a la base productiva del mundo es tal, que únicamente manteniendo al alza un crecimiento constante durante periodos de tiempo prolongados se puede mantener igualmente al alza el valor de tal economía virtual. No queda otra salida para ellos.

En el momento en que la economía de los países desarrollados que sustentan el funcionamiento de esta economía virtual se viniera abajo por un periodo prolongado de tiempo, tal riqueza tendería a ir inevitablemente hacia su valor real, que, como riqueza virtual que es, es cero. Los países desarrollados, por tanto, se ven abocados sin remedio a la necesidad de mantener un crecimiento económico constante. Todo el sistema capitalista se ha acabado por convertir así en una burbuja de gigantescas proporciones, una burbuja que necesita de un constante crecimiento en el PIB de las economías desarrolladas para no venirse debajo de manera catastrófica.

Esta dinámica se comenzó a desarrollar con más fuerza que nunca a partir de 1980. "La gran transformación de los años ochenta se manifiesta también por la distancia creciente que separa la tasa de beneficio (que aumenta) de la tasa de acumulación (que baja). Expresado de forma simple: desde 1980, una porción creciente de los beneficios no se invierte en la producción sino que es absorbida por los capitalistas o es desviada hacia la esfera financiera de acuerdo con un comportamiento rentista" (Toussaint, 2009). El economista egipcio Samir Amin nos aporta cifras para este desfase entre economía real y economía virtual-financiera: "el volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial sólo es de unos 44 trillones de dólares" (Amin, 2008). Es decir, ni más ni menos que una desproporción de casi un 98%-2%.

Así, pues, no es de extrañar que, tal y como publicaba en Marzo de 2009 el digital neoliberal español "Libertad Digital", citando fuentes de la consultora Blackstone Group, la actual crisis económica hubiese destruido ya en ese momento un 45% de la riqueza mundial existente antes del comienzo de la misma (Libertad Digital, 2009).

En realidad, no es que la riqueza mundial se haya evaporado por arte de magia, o se haya destruido como se puede destruir un bien tangible a golpe de martillazos, simplemente es que con la recesión económica a la que se han visto sometidos los principales países desarrollados, generada por la crisis financiera internacional, buena parte de esa riqueza virtual que circulaba por los mercados financieros internacionales ha acabado teniendo el valor que en realidad siempre tuvo: nada.

Con la paralización de la economía mundial, parte de la riqueza generada mediante los fenómenos especulativos desaparece, lo que a su vez contribuye a reforzar la paralización de la economía productiva a nivel internacional. De ahí la extrema gravedad de la crisis en curso. No basta entonces, como bien afirma Amin (2008), "con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de ella se esboza una crisis de la economía real, ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. (...) Detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural sistémica del capitalismo. La continuación del modelo de desarrollo de la economía real, tal y como lo venimos conociendo, así como el del consumo que le va emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la historia, una verdadera amenaza para el porvenir de la humanidad y del planeta."

La necesidad de un crecimiento continuado propia del capitalismo amenaza ya hoy a seres humanos y a la madre Tierra, cada vez más castigada ecológicamente por los excesos del sistema productivo. No es de extrañar entonces que algunos importantes economistas estén apostando ya claramente por incorporar la variable ecológica a las mediciones sobre crecimiento económico que se lleven a cabo en los diferentes países del mundo: "toda buena medición de lo bien que nos está yendo también debe tener en cuenta la sustentabilidad. De la misma manera que una empresa necesita medir la depreciación de su capital, también nuestras cuentas nacionales deben reflejar la sobreexplotación de los recursos naturales y la degradación de nuestro medio ambiente" (Stiglitz, 2009).

La cuestión, a la vista del resultado del estudio analizado por el señor Fernádez Lidia en su artículo en Público, sería saber si alguno de los países desarrollados podría obtener realmente un resultado positivo en sus índices de crecimiento de ser aplicado realmente un modelo de medición del crecimiento como el que nos plantea Stiglitz. La respuesta es, como mínimo, dudosa.

Hambre y escasez de alimentos: la selección "natural" del capitalismo

Como se ve, algunos economistas empiezan a tener cada vez más presente el hecho de que los impactos del deterioro ecológico tendrán una grave repercusión, antes o después, en la economía mundial. De ahí que se hable de "crisis ecológica" en términos económicos y no simplemente desde un análisis puramente medioambiental, que obviamente también existe y está siendo realizado científicamente por prestigiosos investigadores del mundo entero.

Una de las principales preocupaciones que asoman a este respecto, tiene que ver con el impacto que los efectos del cambio climático puedan tener sobre el rendimiento de la agricultura, dado que la alteración en la disponibilidad de agua, tierra, biodiversidad y servicios eco-sistémicos terrestres, puede generar a medio plazo incertidumbre para con el devenir de la cadena alimenticia en su conjunto. Según la FAO, el fenómeno del cambio climático tendrá implicaciones sobre la seguridad alimentaria mundial y podría afectar seriamente a la disponibilidad de alimentos para los 9.000 millones de personas que se prevén para el año 2050 (Social Watch, 2008). He aquí uno de los aspectos más destacables también de la mencionada "crisis alimenticia".

Además, simultáneamente al desarrollo cada vez más plausible de esta amenaza, los precios de los productos alimenticios básicos se han disparado en los últimos años, a consecuencia, entre otras causas, y como se ha dicho antes, de la especulación en los mercados internacionales de alimentos.

Desde marzo de 2007 hasta mayo de 2008, el valor de los productos lácteos subió un 80%, el de la soja un 87%, y el trigo, un 130% (FAO, 2009). En junio de 2008, los precios de los alimentos básicos en los mercados internacionales alcanzaron sus niveles más altos de los últimos 30 años, y amenazaron así la seguridad alimentaria de la población pobre en todo el mundo. En 2007 y 2008, debido principalmente a estos precios altos, otros 115 millones de personas fueron empujadas al hambre crónica (FAO, 2009). El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola estima que por cada aumento de un 1% del coste de los alimentos de base, 16 millones de personas se ven sumergidas en la inseguridad alimentaria. Entre principios de 2003 y mediados de 2008, los precios de los alimentos comercializados internacionalmente aumentó un 138% (BM, 2008). En consecuencia, más de 1.000 millones de personas padecían hambre crónica a finales de 2009, según datos del nada sospechoso de izquierdista Banco Mundial (BM, 2009). Esto se traduce en una cifra escalofriante: cada 24 horas mueren de hambre 100.000 personas en el mundo, 30.000 de ellas niños menores de 5 años de edad (Social Watch, 2008).

La seguridad alimenticia de los países en desarrollo se ha visto condicionada igualmente por el fortísimo crecimiento que ha sufrido la producción de biocombustibles en los últimos años, lo cual ha provocado que las discusiones sobre los usos e impactos ecológicos y sociales de los biocombustibles hayan tomado una dimensión hasta el momento desconocida.

En los últimos años, una parte de la producción alimentaria cada vez mayor (caña de azúcar, girasol, colza, trigo, remolacha) se está destinando a la producción de agrocarburantes, más rentables para la gran agroindustria de la exportación que destinarlos a alimentos para los seres humanos. La producción de biocarburantes comporta una nueva demanda para la agricultura, compitiendo por los mismos recursos con la producción de alimentos (Garrido et al, 2009). Diversos estudios asocian a la producción de agrocarburantes entre un 30-75% de la responsabilidad en el aumento de precios producido en los cereales y oleaginosas en el primer semestre del año 2008 (Ortega y Cañellas, 2009).

Según François Houtart (2009) "El impacto de los agro-carburantes sobre la crisis alimentaria ha sido comprobado. No solamente su producción entra en conflicto con la producción de alimentos, en un mundo donde, según la FAO, más de mil millones de personas sufren de hambre, sino que también ha sido un elemento importante de la especulación sobre la producción alimentaria de los años 2007 y 2008. Un informe del Banco Mundial afirma que en dos años, 85 por ciento del aumento de los precios de los alimentos que precipitó a más de 100 millones de personas por debajo de la línea de pobreza (lo que significa hambre), fue provocado por el desarrollo de la agro-energía. Por esta razón, Jean Ziegler, durante su mandato de Relator Especial de Naciones Unidas por el Derecho a la Alimentación, calificó los agrocarburantes de crimen contra la humanidad y su sucesor, el belga Olivier De Schutter ha pedido una moratoria de cinco años para su producción".

En el año 2007, se usaron para la producción de biocombustibles líquidos 268 millones de toneladas de caña de azúcar (equivalentes a 38,5 millones de toneladas de azúcar), 80 millones de toneladas de cereales y 13 millones de toneladas de aceites vegetales (Ortega y Cañellas, 2009), mientras el hambre en el mundo, como se ha visto, no ha hecho sino aumentar precisamente a consecuencia de la vertiginosa subida en el precio de los alimentos básicos, siendo los cereales (productos elementales en la dieta básica de gran parte de la población más pobre en los países en desarrollo) en gran medida los principales responsables de este fenómeno.

Paradójicamente, a modo de justificación de esta escabechina, los defensores del incremento en la producción de agrocarburantes han esgrimido argumentos de tipo ecológico-energético, tanto por la supuesta limpieza ambiental de estos combustibles, como por la necesidad de buscar alternativas al agotamiento previsto a medio plazo de los combustibles fósiles.

Como siempre, en un proyecto capitalista, impulsado no por casualidad en medio de una dinámica neoliberal generalizada, se ignora lo que los economistas llaman las externalidades, es decir, lo que no entra dentro del cálculo del mercado, para el caso que nos preocupa, los daños ecológicos y sociales. "Para contribuir con un porcentaje entre 25 a 30 por ciento de la demanda, a la solución de la crisis energética, se tendrá que utilizar centenas de millones de hectáreas de tierras cultivables para la producción de agroenergía en su mayor parte en el Sur, ya que el Norte no dispone suficientemente de superficie cultivable" (Houtart, 2009). A este respecto, el mayor riesgo ambiental vendría de la puesta en cultivo de superficies de alto valor para la biodiversidad (principalmente bosques tropicales) o que constituyen sumideros de carbono (como las turberas), o bien por el incremento de la erosión por roturación de bosques o pastos permanentes (Garrido et al, 2009).

Por supuesto, como es de esperar según la lógica economicista que rige la época neoliberal que nos ha tocado vivir, "el precio de estas externalidades no será pagado por el capital sino por la comunidad y por los individuos" (Houtart, 2009).

Para colmo, existen también abundantes informes que cuestionan la eficiencia energética de los biocarburantes (Garrido et al, 2009). La gente se puede morir de hambre a consecuencia de una supuesta búsqueda de un determinado producto que sirva para contribuir al desarrollo de energías limpias que ayuden a contaminar menos el planeta, aunque tal producto ni siquiera ha demostrado su eficiencia al respecto. Lo que sí ha demostrado, eso sin duda, es ser un buen negocio que entrega pingues beneficios tanto a los grandes productores como a especuladores financieros, que en realidad es lo único que importa desde el punto de vista de la estrategia neoliberal que nos ha invadido por doquier. A los pobres del mundo, a los parias de la Tierra, a los hambrientos del Planeta, que les den por donde la espalda pierde su nombre. Es la selección "natural" del capitalismo.

Conclusión


Esta triple crisis, financiera, energética, alimentaria, ha explotado, por tanto, en medio de la utopía neoliberal, llevándosela consigo. Los países empobrecidos, como siempre, están siendo los más perjudicados. Tras décadas de seguir a pies juntillas los dictámenes neoliberales marcados por las instituciones financieras internacionales, no sólo no habían conseguido salir de su situación de subdesarrollo y pobreza, sino que, en muchos casos, la habían emporado ya incluso antes de la llegada de la crisis actual, y en aquellos otros casos donde se hubieran podido producir algunos avances, la crisis se los ha llevado por delante.

Las políticas neoliberales, pensadas para profundizar en el ajuste de las economías de la periferia en el sistema económico global, no hicieron sino profundizar en la situación de dependencia que las economías de estos países tenían en relación con las economías de los países desarrollados, aumentando por tanto el grado de vulnerabilidad al que estas economías se podrían ver expuestas en caso de que las economías centrales, como así ha sido, entraran en crisis. Ahora son los pueblos de aquí y de allá quienes están tristemente sufriendo las consecuencias, más allá de todas las que ya habían debido sufrir con anterioridad a la llegada de la crisis, que no son pocas, y especialmente las están sufriendo los pueblos de aquellos países de situados en la periferia del sistema capitalista internacional.

Podemos decir entonces, sin miedo a equivocarnos, que la crisis actual es la demostración más evidente del fracaso del neoliberalismo a nivel mundial, sobre todo si lo analizamos desde la perspectiva de las políticas neoliberales como impulsoras del desarrollo en los países empobrecidos de la periferia del sistema, aunque también como propulsoras de una globalización equitativa y una modelo de desarrollo sostenible desde un punto de vista ecológico y alimenticio.

Lamentablemente, los efectos negativos de estas políticas de desarrollo económico y productivo impuestas por el occidente desarrollado al mundo entero, parecen que no han hecho más que comenzar. Las amenazas son cada vez más patentes y evidentes tanto desde el aspecto económico, como desde las perspectivas ambientales y alimenticias.

Es la globalización de los riesgos globales. Unos pocos millones de personas se han beneficiado a gran escala de las políticas neoliberales, pero serán miles de millones quienes tendrán que sufrir las inevitables consecuencias negativas que están por llegar, más allá de las muchas que ya han tenido que sufrir hasta el momento. Que Dios nos coja confesados.

Bibliografía

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La Justicia española es y será de derechas


Leo hoy en Rebelión un artículo de Pascual Serrano en el que se nos habla de una evidencia: que la justicia española está completamente politizada, siendo además la derecha quien acapara la inmensa mayoría de los puestos de responsabilidad entre la judicatura.

Ahora parece ser que se han propuesto incluso movilizar a sus bases para lograr una mayor derechización del sector, quitando del medio a los pocos jueces y juristas progresistas que actualmente pueden acceder a su particular parcela de poder a impulso del PSOE.

Concretamente quieren eliminar las competencias que tiene el Parlamento para poder nombrar a los miembros del CGPJ. Por supuesto, no lo quieren hacer para otorgar tal competencia de manera directa al pueblo soberano, sino para hacer valer la fuerza de los conservadores a través de la elección directa del Consejo por los miembros de la judiciaria. Para ello 1500 jueces han promovido el denominado "Manifiesto por la despolitización y la independencia judicial". Si la derecha es mayoría, que la derecha mayoritaria sea quien decida "democráticamente". Ahí es nada.

Ahora bien. Siendo honesto, tal cosa no me preocupa en absoluto. Sabido es que no hay diferencia sustancial alguna entre los dos principales partidos políticos españoles en lo que se refiere a temas de Estado. ¿Qué los políticos del PP podrían tener a partir de ese momento mayor libertad para robar el dinero de los ciudadanos sin que eso pueda generarles problemas legales algunos? Pues seguramente. ¿Qué los pocos jueces realmente progresistas que existan verían amenazadas sus carreras? Pues también. Ninguna de las dos cosas es tampoco extraña a la situación actual. En esencia no habría un gran cambio. Nada, pues, de lo que realmente preocuparse, más allá de las preocupaciones que uno, como persona de la izquierda revolucionaria e independentista, debe tener ya a día de hoy.

Ahora bien, hay algo que me parece mucho más preocupante: el estado actual de la cantera de la justicia. Sólo hay que darse una vuelta por cualquier Facultad de derecho para entender de lo que hablo. La derecha no solo está presente de manera mayoritaria en la judiciaria actual, sino, lo que es bastante más desolador, lo está de manera abrumadora entre los estudiantes de derecho. Una facultad de derecho hoy en día es algo así como un gabinete de crisis de las Nuevas Generaciones del PP, las juventudes de la Falange, y lo más rancio del clásico ciudadano de la clase media acomodada y tradicionalista, aborregado y completamente sometido a los valores consumistas-capitalistas. Tanto, que encontrar una persona de la izquierda revolucionaria por aquellos lares, es poco menos que una extravagancia, una oveja negra en medio de tanta pulcritud conservadora.

Seamos realistas. El futuro de la justicia en el Estado Español tiende irremediablemente a la derechización más recalcitrante. No hacen falta para ello reformas de ningún tipo. Los vástagos de aquellos que vencieron la guerra en 1939 en nombre de Dios y la patria, los hijos de los nuevos ricos, de los empresarios de renombre y el pseudopijerío de la clase media acomodada, han invadido las aulas de cualquier facultad de derecho que se tercie. Esto es un hecho innegable. La fruta madura caerá entonces por su propio peso, haya o no haya reformas políticas de por medio. Ergo, si mal están las cosas ahora, mucho peor lo estarán de aquí a unos pocos años.

Salvo que, claro está, el poder legislativo pueda ser tomado por la izquierda revolucionaria. Cosa tanto o más improbable que ver a un Juez de izquierda revolucionaria ocupando en las próximas décadas un cargo de alta responsabilidad judicial. Negro está el cielo, y tormenta llegará. Que Dios nos pille confesados.

sábado, 6 de marzo de 2010

España, el país de la patraña. Pobre Andalucía.


Pena, penita, pena. Y asco, mucho asco. Son dos de las sensaciones que más frecuentemente me invaden cuando miro mi carnet de Identidad y veo en él impreso mí supuesta nacionalidad Española. “Si yo soy español, lo soy/ a la manera de aquellos que no pueden/ ser otra cosa: y entre todas las cargas/ que, al nacer yo, el destino pusiera/ sobre mí, ha sido ésa la más dura”, me digo junto a Cernuda.

También rabia, mucha rabia. E impotencia. Impotencia al mirar a mi alrededor y ver a mi pueblo anestesiado, dormido, sin ganas de pensar. Ver como el pueblo andaluz se dejó embaucar por los cantos de sirena de una patria que no es tal, más allá de la miseria, el hambre, la explotación y la dependencia a la que históricamente ha condenado a esta tierra. “Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz”. Insisto junto al poeta.

Son días como hoy en los que miro al cielo y me pregunto: ¿hasta cuándo? “Me pesaba la vida como un remordimiento; quise arrojarla de mí/ Mas era imposible, porque estaba muerto y andaba entre los muertos”. ¿Así estará mi pueblo?, ¿estará cercano el día en que lleguemos a entender la imperiosa necesidad de arrojar a España al basurero de la historia, y entonces nos daremos cuenta que hemos estado muertos, bien muertos? Eso me temo. “Así ocurre en tu tierra, la tierra de los muertos/ Adonde ahora todo nace muerto/ Vive muerto y muere muerto”. Pues eso.

El silencio cómplice nos delata. Nos hace uno con el enemigo, con la indignidad, la inmoralidad, con la injusticia. Una de las instituciones más dignas que han existido jamás en suelo andaluz, creada por un hombre digno como pocos, señalada ahora por el dedo inquisidor, y casi nadie hace nada, al revés, aplauden. La Asociación pro Derechos Humanos de Andalucía que ya no lo es tal, ahora es también parte del “entorno terrorista”. Diamantino revolviéndose en su tumba, el pueblo andaluz otra vez humillado. “Lo que el espíritu del hombre / Ganó para el espíritu del hombre/ A través de los siglos/ Es patrimonio nuestro y es herencia/ De los hombres futuros. / Al tolerar que nos lo nieguen / y secuestren, el hombre entonces baja / ¿Y cuánto?, en esa dura escala/ Que desde el animal llega hasta el hombre”. Cuanta decadencia humana y moral nos rodea por doquier. Asco de España, el país de la patraña.

Asco, asco, y mil veces asco. Asco de ese Estado que permite sonriente la tortura y el quebranto de los Derechos humanos más elementales, mientras persigue, condena y reprime a quienes tienen la osadía de alzar su voz en nombre del humanitarismo más básico para denunciarlo. Asco de Estado que cancela Jornadas en pro de los Derechos Humanos, mientras tiñe con el rojo de la sangre celdas, calabozos y otros potros de tortura modernos. Y asco de todo aquel que se va a Cuba a buscar el llanto por los Derechos humanos, mientras justo al lado de casa hay cientos, miles de hombres y mujeres llorando. “Un pueblo sin razón, adoctrinado desde antiguo/ En creer que la razón de soberbia adolece / y ante el cual se grita impune: Muera la inteligencia, predestinado estaba/ A acabar adorando las cadenas/ y que ese culto obsceno le trajese/ Adonde hoy le vemos: en cadenas, / Sin alegría, libertad ni pensamiento”.

Pobre Andalucía. Muerta por y para España. Diamantino, que tú Dios te guarde en su gloria, porque la gloria de tu memoria no la ha sabido guardar tu pueblo. Pobre Andalucía.


Nota: Versos de Luís Cernuda.

Reflexiones en torno al amor y la violencia de género


Introducción

Con gran satisfacción pude leer el pasado jueves 4 de marzo un interesante artículo publicado en Kaosenlared que lleva por título “El mito del amor y sus consecuencias en los vínculos de pareja”. Su autora viene a decirnos en él, resumidamente, que la actual concepción mayoritaria que se tiene acerca del amor romántico y de la conformación de la pareja en Occidente, es una de las principales causas culturales que sustentan la violencia género, especialmente en tanto que, dentro de la mitología social asociada con el género femenino, la búsqueda del amor romántico se constituye en un elemento central.

Sencillamente, el artículo me pareció magistral, y desde aquí quisiera aprovechar para felicitar a su autora por tan brillante y valiente disertación. Por más cotidiano que nos resulte a todos y todas el tema del amor romántico, rara vez puede encontrar uno personas que sean capaces de pararse a racionalizar lo que este concepto supone en nuestras vidas, así como las diversas maneras que tiene de influirnos, tanto a hombres como a mujeres, en nuestra experiencia cotidiana, en el día a día de nuestro discurrir por este mundo tantas veces miserable y cruel.

El amor no entiende de razones, se dice. El amor es pura pasión, es un sentimiento irracional, se asegura. Como si no hubiese en nuestro entorno un solo elemento cultural que condicione el modo y la forma como concebimos tal sentimiento de manera mayoritaria. Como si no fuese posible pararse a racionalizar aquellos factores socioculturales que lo determinan previamente incluso a ser vivido y sentido por el sujeto occidental. El amor forma parte de la mitología social como si de un extraña fuerza de la naturaleza se tratase, una fuerza que nadie sabe de dónde viene ni a dónde va, pero que todos y todas dicen reconocer cuando los arrastra.

En cambio, pocas cosas hay tan influidas y determinadas por los patrones socio-culturales impuestos desde la publicidad y los medios de comunicación de masas, como el amor. No, el amor no se genera de manera fortuita y espontánea, sin más razón de ser que su propia existencia. El amor no es un ente metafísico que juega caprichosamente con los seres humanos mientras estos no pueden hacer nada para combatirlo una vez aquel llamó a sus puertas. El amor romántico es simplemente una más de las manifestaciones de la cultura occidental, una más de las muchas manifestaciones de ésta que nace, crece y se desarrolla al amparo de la mitología social, los cánones y los estereotipos enraizados en ella y trasmitidos al sujeto a través de la tradición. Nos socializan para amar de una determinada manera, para sentir el amor de una determinada manera y no de otra, igual que nos socializan para vestir de una determinada manera, comer una determinada comida, o rezar a un determinado Dios y no a otro. El amor es tan cultural como puede serlo cualquier otra vivencia social del ser humano.

Acierta también la autora del mencionado artículo cuando, además de analizar el amor desde una perspectiva cultural y antropológica con manifestaciones de corte psicológico, señala el amor romántico como una de las principales razones que sustentan la violencia de género en nuestra actual sociedad occidental. La mitología del amor romántico del que nos habla la autora lleva impresa una serie de características psico-sociales que son en sí mismas una puerta abierta a la violencia.

El amor como posesión, el amor como propiedad privada, el amor como compromiso de fidelidad eterna, el amor como vínculo inquebrantable entre dos amantes que se prometen el uno para el otro hasta que la muerte los separe, el amor, en definitiva, sustentado en la fidelidad sexual y el bucle endógeno como máxima expresión del compromiso mutuo, que es esencia y referencia de la mitología amorosa de occidente, es también base y fundamento de la violencia de género, y aún más allá de ella, de cualquier tipo de violencia que se dé en el interior de una determinada pareja, inclusive las de carácter homosexual entre mujeres. Razonar esta afirmación, como desarrollo y ampliación del artículo citado, será el objetivo de este breve ensayo en adelante. Si bien, no abordaré el hecho desde la perspectiva femenina, tal cual ha hecho de manera prioritaria la autora del artículo nombrado, sino desde una perspectiva global.

Género y violencia de género

Desgraciadamente, por más que el actual gobierno del Estado haya intentado poner en práctica una ley para combatir la lacra social que supone la violencia de género, es prácticamente inexistente el día en que una nueva agresión relacionada con este asunto no sale a la luz. El goteo de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex-parejas es tan constante, que ya prácticamente este tipo de noticias son vistas por los espectadores con toda naturalidad, como si de una plaga inevitable se tratase. Afortunadamente, las diferentes instituciones han tratado de combatir esta indiferencia mediante una serie de campañas de concienciación social que tienen como objetivo alertar a cada instante de la gravedad del problema, así como de la necesidad de colaboración ciudadana para poder combatirlo con éxito. Poco a poco parecen ir lográndose algunos resultados, al menos desde el punto de vista de la concienciación social.

Si hay algo que ha ayudado a ello, es sin duda el enfoque con el que las instituciones encargadas de combatir el fenómeno han venido enfocando la problemática en los últimos años. De aquella violencia que era llamada “pasional”, hemos pasado a la “violencia de género”, una misma cosa en esencia pero que llamada de una manera o de otra puede inducir al oyente a reflexiones muy distintas. De esta manera, se ha conseguido ampliar el estudio y análisis del problema hacia una perspectiva que va más allá de la mera aplicación de la violencia física o psicológica por razones pasionales, impulsando la cuestión hacia una perspectiva donde queda reconocida también la dimensión cultural que sirve como trasfondo al desarrollo de estos graves hechos delictivos. La cultura, se nos dice, tiene un papel fundamental en las agresiones por violencia de género, siendo, tal vez, la razón principal que las fundamenta como tales. La violencia machista es la cara más amarga y dolorosa del patriarcado, la expresión más manifiesta y evidente del sometimiento y anulación de la mujer respecto del hombre todopoderoso.

Es por ello, nos dicen, que si se quiere abarcar de manera efectiva el problema con objeto de darle una solución eficiente, es necesario que la perspectiva legal e institucional que lo aborde se vea atravesada por estos condicionantes culturales, pues de otra manera sería imposible enfrentarse a la problemática en toda su extensión. Las leyes, por tanto, deben no sólo combatir los efectos de la violencia de género en cuanto a tal, sino prevenir sus causas, y estas causas no son otras que las vinculadas con el machismo aún inherente a nuestra actual sociedad. Esta es la idea actualmente predominante.

En el Estado Español, por ejemplo, esta nueva perspectiva ya ha sido puesta en práctica, aunque, como apuntamos antes, sin demasiado éxito por el momento, a juzgar por los datos cada vez más desalentadores. La Ley orgánica 1/2004, de 28 de Diciembre, de Medidas de Protección Integral Contra la Violencia de Género introduce por primera vez la perspectiva de género como análisis del problema social e incorpora el factor cultural como causa del fenómeno, dejando patente que la violencia de género que contempla y que pretende combatir es una manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres , ejercida sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aún sin convivencia. La Ley 13/2007, de 26 de noviembre, de Medidas de Prevención y Protección Integral contra la Violencia de Género, establece en su artículo 3 el concepto de violencia de género, entendiendo como tal aquella que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre estas por el mero hecho de serlo. Comprende cualquier acto de violencia basada en género que tenga como consecuencia, o que tenga posibilidades de tener como consecuencia, perjuicio o sufrimiento de la salud física, sexual o psicológica de la mujer, incluyendo amenazas de dichos actos, coerción o privaciones arbitrarias de su libertad, tanto si se producen en la vida pública como privada. Y sin embargo, como decimos, desde la puesta en funcionamiento de estas leyes, los resultados no han sido los esperados por el gobierno español, lo cual es, cuando menos, preocupante.

Más allá del género como razón única de la violencia

Sin querer negar en ningún momento la validez de estos planteamientos, sin restarle ni un ápice de importancia al componente machista-cultural, es más, aceptando como absolutamente válida la tesis que relaciona estas relaciones machistas con la raíz del problema, creemos, sin embargo, que el machismo como tal no es la única causa raíz que ha de ser estudiada, analizada e incorporada a la legalidad como responsable esencial del problema. Machismo, por desgracia, existe en otros muchos ámbitos de la vida en sociedad, y sin embargo esto no tiene como consecuencia que los hombres acaben asesinando a las mujeres por las que compiten en el mercado laboral, o con las que se tienen que encontrar en otra multitud de situaciones más o menos conflictivas de la vida cotidiana.

Queremos decir con esto, que la violencia de género con resultado de muerte no se da en todos los ámbitos de las relaciones de género donde existen manifestaciones machistas, sino que se da principal y casi exclusivamente en un marco cultural muy concreto, que es el marco de las relaciones amorosas, el marco de las relaciones de pareja, aunque pueda existir también otro tipo de violencia de género en el marco de esas otras relaciones. Este hecho, lejos de ser visto como algo anecdótico, se debe entender como un factor determinante para poder comprender la naturaleza del problema al que nos enfrentamos.

Tanto la historia, como la antropología, nos enseñan que no en todas las sociedades el amor, las relaciones de parentesco y las relaciones sexuales, han sido o son concebidas de la misma manera. Independientemente de las relaciones de género existentes en una determinada comunidad humana (aunque usualmente asociadas de alguna manera a éstas), el modo de relacionarse amorosa, sexual y reproductivamente de sus miembros, es tan variable a lo largo de la historia como puede serlo en el ámbito de las propias relaciones de género. No existe una ley natural que haga que en todas las sociedades tenga porque darse un mismo modo de relacionarse amorosa y sexualmente los integrantes de esa determinada sociedad, como no existe una ley natural para determinar las relaciones de género. Las relaciones amorosas, sexuales o reproductivas son, al igual que las relaciones de género, parte de la esencia cultural de una determinada sociedad.

La pregunta consecuente que se me ocurre es la siguiente: ¿por qué, entonces, a la hora de analizar la problemática en torno a la violencia de género con resultado de muerte, se da una importancia fundamental a los condicionantes sociales que nacen de las relaciones culturales de género, y, sin embargo, no se hace lo propio con los condicionantes que pudieran también tener su base en las relaciones culturales de amor-sexo?, ¿acaso género y amor son una misma y única cosa culturalmente hablando? No, no lo son. Son conceptos culturalmente diferenciados, aunque acaben por relacionarse estrechamente en un mismo marco socio-antropológico.

Así pues, si aceptamos la idea de que el machismo inherente a la violencia de género con resultado de muerte se da principalmente (y casi exclusivamente) en el marco de las relaciones amoroso-sexuales, no parece tener mucho sentido abarcar el problema cultural que rodea a lo primero (el género) y en cambio no hacer lo mismo con el problema cultural que rodea a lo segundo (el amor), pues probablemente estaremos dejando de lado, como así lo creo, el otro vértice cultural sobre el que se ancla el devenir cotidiano de esta lacra que nos afecta a todos y especialmente a las mujeres. Hace falta profundizar también en esa otra cara de la moneda en la violencia de género que es el amor concebido según unos determinados parámetros culturales determinados.

El amor como propiedad privada

¿Cuál es entonces el estereotipo amoroso que suele haber detrás de las relaciones sentimentales que dan lugar a la violencia de género?

El amor como entidad metafísica, el amor como ideal, el amor como modelo referencial para la búsqueda, el amor como mito del romanticismo pasional, recorre nuestro mundo cognitivo cual idea natural que nace de lo más profundo de nuestro ser, a la cual no es posible poner alternativas. Según estas normas no escritas, estas leyes no impresas, amor es algo parecido a un sentimiento dado entre dos personas que se desean, y que se vinculan en un mutuo compromiso para hacer juntos un plan de futuro, prometiéndose mutua fidelidad eterna. Por eso la mayoría de nosotrxs aspira a encontrar a esa persona con la que compartir su vida, y con la que fundirse en un compromiso de futuro y una pasión desbocada.

Normalmente creemos que el amor se sustenta en la atracción sexual, y que los amantes se buscan entre sí para darse en compromiso mutuo de cuerpo y mente. Intentamos buscar esa persona idealizada que satisfaga nuestros deseos, acercándose en todo lo posible a la persona que previamente hemos diseñado en el laboratorio de nuestros sueños, con una relación que se asemeje lo máximo posible a aquella que previamente habíamos vislumbrado en la luz de nuestros pensamientos.

Creemos ciegamente en el amor romántico que estamos acostumbrados a leer en las novelas rosas y a ver en las películas de Hollywood, en las series de adolescentes de nuestras televisiones, y en la mayoría de las parejas que conocemos, y, por ende, eso buscamos creyendo que tal ideal es la única acepción posible en el mundo de los enamorados, en el ámbito de las relaciones sentimentales entre seres humanos. Vivimos esperanzados en encontrar cualquier día –o cualquier noche- ese amante que encaje con nuestros sueños, logrando colmar de felicidad nuestros deseos para alegrarnos las vidas. En las revistas y programas del corazón, en las novelas más famosas, en la literatura más clásica, tenemos la demostración de que esos sueños son alcanzables. Elaboramos un patrón imaginario y lo buscamos consciente e inconscientemente.

Pero ese patrón, lejos de ser natural, azaroso o auto-desarrollado, no es más que la reproducción sistemática de un pensamiento cultural previamente interiorizado. Un pensamiento cultural que se basa, como causa principal, en el amor posesivo, en el amor como propiedad privada, es decir, en la mutua fidelidad sexual y en la percepción de que los amantes se poseen mutuamente, tal que si fueran el uno del otro por derecho civil y divino. La pareja es, sexual y amorosamente hablando, para uno/a y sólo para uno/a, no puede ser compartida, ni se puede aceptar la idea de que eso que es posesión de uno/a, pueda estar, aunque sólo sea de manera temporal, en manos de otra persona.

La combinación de la muerte

Existe entonces la creencia irracional de que la pérdida de la posesión sentimental lleva implícita la pérdida de una propiedad privada, la pérdida de una parte de nuestras vidas de la cual depende nuestra felicidad, e incluso la pérdida de una parte de nuestro honor.

Si a ello le sumamos un contexto social donde el hombre, por la propia educación que ha recibido y las propias estructuras sociológicas en las que se desenvuelve desde niño, tiende a ver a la mujer como un ser sumiso y subordinado a sus intereses, la perdida de la pareja, o la simple creencia de que esa posesión sentimental que nos pertenece se ha prestado a estar en otras manos de manera voluntaria, e incluso ha osado a desafiar nuestra autoridad respecto de ella, en tal contexto cultural se acaba por convertir el suceso en una combinación explosiva: la combinación de la muerte, el culmen de la violencia machista.

Es decir, si el hombre se auto-percibe culturalmente como un ser superior a la mujer, y, a la par, entiende también culturalmente la relación amorosa como una relación posesiva, es decir, una relación donde los amantes se poseen mutuamente, finalmente la mujer acabará siendo vista como una posesión del hombre, pues es la propia cultura la que así lo indica: los dos se poseén mutuamente, pero el hombre manda en última instancia.

La relación deja de ser, pues, una relación de doble sentido posesivo, para convertirse en un objeto cuyo dueño es el hombre. Se cosifica psicológicamente el concepto mismo de pareja, e implícitamente se cosifica a la mujer, pasando ambas "cosas" a ser propiedad privada del hombre que así piensa.
Así, a poco que el hombre perciba de alguna manera (real o ficticia) que este nexo posesivo comienza a romperse, o que está puesto en entredicho, recurrirá a la violencia para “re-direccionar” la relación por el "camino correcto": el de la sumisión respecto del que se siente su amo. Los celos, de hecho, suelen ser una de las principales causas de la violencia de género, tanto física como psicológica.

De igual manera, en caso de ruptura de la pareja, o de simple intento de ruptura, cuando lo que antes el hombre veía como una posesión deja de repente de serlo, cuando los derechos de “propiedad” dejan de tener efecto, estas mismas personas suelen no estar lo suficiente capacitadas como para aceptar tal hecho, pues la idea de que la pareja es para uno y sólo para uno “hasta que la muerte los separe” prevalece sobre la razón y la independencia de la otra persona. La violencia es aquí un modo de indicar que no es posible que la mujer abandone el seno de la pareja si no es bajo la aceptación voluntaria del hombre, del amo por excelencia en la relación, del verdadero dueño de la propiedad mutua. La mujer pasa a ser algo así como un bien ganancial de la pareja, cuyo único administrador es el hombre.

Conclusión

Si el hombre es percibido culturalmente como un ser superior a la mujer, y el amor es asimismo percibido culturalmente como una relación de posesión mutua, existe abierta la puerta para una macabra lógica cultural que puede llevar fácilmente a la conclusión sentida y vivida por el hombre de que la mujer es una posesión suya y solo suya. Amor como propiedad privada y patriarcado son entonces las dos caras de una misma manera con trágico resultado: la violencia de género en sus versiones más trágicas y horripilantes.

En consecuencia, si de verdad queremos analizar los condicionantes culturales que se encuentran en la raíz de la violencia de género en sus vertientes más dramáticas, mi opinión es que no sólo debemos centrarnos en el análisis y la concienciación social respecto de los asuntos relacionados con las relaciones de género propiamente dichas, sino que también hemos de abordar una necesaria reflexión acerca del modelo amoroso culturalmente aceptado como mayoritario en la sociedad.

Para combatir esta lacra, pues, no es posible ceder ante los tabús morales de los sujetos más tradicionales. Y no debemos hacerlo, ni en lo que se refiere a la creencia extendida entre algunos hombres de su superior condición respecto de la mujer, ni, por supuesto, en lo que se refiere a la idea de que el amor es ante todo una posesión, una relación de mutua fidelidad sexual inquebrantable entre dos personas. Curiosamente, aunque siguen siendo residuales respecto del problema del maltrato hombre-mujer, se están empezando a dar casos, cada vez con más frecuencia, de violencia sentimental en el interior de las parejas homosexuales, e incluso de ataques por motivos sentimentales de mujeres a hombres. Señal de que la problemática de la violencia en la pareja, aunque mayoritariamente determinada por las cuestiones de género, va más allá de ello.

No queremos decir con esto que las relaciones amorosas tradicionales deban ser modificadas en la mentalidad colectiva (como sí deben serlo necesariamente la relaciones machistas de género), lo que queremos es hacer ver que es necesario concienciar a la gente también de que el amor es mucho más que una relación de posesión entre dos personas, que es mucho más que un mutuo compromiso de fidelidad sexual, y, sobre todo, que no es sinónimo de anulación de la libertad o de los derechos de la persona con la que se comparte la vida en pareja. Concienciar especialmente a aquellas mujeres que hacen del amor romántico tradicional una forma de vida.

El amor es un compromiso mutuo y libre entre personas, no es una posesión mutua. Los amantes no se poseen el uno al otro, los amantes no son el uno para el otro y sólo el uno para el otro, lo amantes son, simplemente, dos seres libres que se unen en libre compromiso. Esto que así leído nos puede parecer tan elemental, es un continuo foco de conflicto en el interior de las parejas tradicionales, que en multitud de ocasiones acaba derivando hacia las trágicas situaciones ya comentadas.

Es, por tanto, la mujer, la que debe tener claro que en ningún momento debería dejarse someter por una relación anclada en la fidelidad sexual, pues en nuestra actual sociedad patriarcal no hay mayor símbolo de dominación y posesión que ésta. Rompan sus cadenas mentales, y romperán también algunas de sus principales cadenas de género en el interior de una relación amorosa. Simplemente, si eres mujer, no te sometas al yugo de la fidelidad sexual, sé infiel cuando te apetezca y deja claro que así lo serás antes de empezar ningún tipo de relación amorosa, aunque posteriormente jamás llegues a serlo porque simplemente no te apetezca. No sólo es una cuestión de libertad, también podría llegar a ser una cuestión de supervivencia. Aunque para ello, claro está, la mujer primero tendrá que dejar de creer en el mito del amor romántico, tan bien analizado por el artículo que mencionamos al principio de esta reflexión.

En pocas palabras: Someterse a una relación de fidelidad sexual también es un potencial peligro de género. Ninguna mujer debería hacerlo.